Capítulo #68: Refugio temporal

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Después del día caótico en el hospital, Roberto y María Elisa llegaron al apartamento en silencio. El aire estaba cargado con una mezcla de tensión, incertidumbre y algo de alivio. Roberto sabía que María Elisa no podía seguir en el hotel, especialmente después de lo ocurrido, así que había tomado la decisión de llevarla a su apartamento, donde podría asegurarse de que estuviera segura.

Cuando entraron, Roberto dejó las maletas de María Elisa en el suelo y cerró la puerta. La guió hacia el pasillo, hasta la habitación de huéspedes que había pertenecido a su madre, Pilar, antes de que ella regresara a Colombia. Abrió la puerta y dejó que María Elisa diera el primer paso dentro. La habitación era sencilla, pero acogedora, con paredes de un tono suave, una cama bien hecha, y algunos detalles que su madre había dejado, como cortinas de encaje y una pequeña lámpara en la mesita de noche.

Roberto: Puedes acomodarte aquí. Si necesitas algo, no dudes en pedírmelo.

María Elisa asintió, tratando de sonreír aunque la tristeza se reflejaba en sus ojos. Caminó hacia la cama y comenzó a sacar algunas cosas de sus maletas, doblando la ropa en silencio. La presencia de Roberto, a pesar de que le brindaba un poco de seguridad, también hacía que su pecho se sintiera apretado por la culpa y la nostalgia.

Maria Elisa: Gracias, Roberto (en voz baja). Sé que no tenías que hacer esto, y lo valoro mucho.

Roberto se apoyó contra el marco de la puerta, cruzando los brazos. Su mirada era seria, pero no distante. Había un conflicto en sus ojos, como si una parte de él quisiera acercarse y otra permaneciera alerta, en guardia. Finalmente, dejó escapar un suspiro, y su voz salió más suave de lo que esperaba.

Roberto: No tienes que agradecerme. No podría quedarme tranquilo sabiendo que estás sola y en peligro, María. Quiero asegurarme de que estés bien.

María Elisa se quedó en silencio por un momento, ordenando sus pensamientos antes de hablar. Necesitaba aclarar lo que había entre ellos, por más doloroso que fuera enfrentar la realidad. Dejó las cosas a un lado y se giró para mirarlo.

Maria Elisa: Roberto... (su voz quebrándose ligeramente). ¿Qué va a pasar con nosotros? Me refiero a nuestra relación... con todo lo que ha pasado.

Roberto desvió la mirada hacia el suelo por un instante, tomando aire. Sabía que la conversación era inevitable, pero eso no lo hacía menos doloroso. Finalmente, volvió a mirarla.

Roberto: María, necesito tiempo (dijo con sinceridad). No voy a mentirte, no puedo simplemente regresar contigo como si nada hubiera pasado. Me duele mucho lo que hiciste, me mentiste... es difícil volver a confiar.

Las palabras cayeron como piedras en el pecho de María Elisa. Se le hizo un nudo en la garganta, pero luchó por mantener la compostura. Sabía que se lo había ganado y que sus acciones habían tenido consecuencias. Asintió lentamente, mordiéndose el labio mientras intentaba no dejar caer las lágrimas.

Maria Elisa: Lo entiendo, Roberto. Haré lo que sea necesario para volver a ganarme tu confianza. No espero que todo sea como antes, pero... espero que algún día puedas perdonarme.

Roberto sintió un dolor sordo en el pecho al ver la tristeza reflejada en sus ojos. Dio un paso hacia adelante, acercándose lo suficiente para tomarle las manos con suavidad.

Roberto: Vas a poder contar conmigo para lo que necesites, para el bebé, para ti, para todo... No quiero que te sientas sola en esto, ¿de acuerdo? (con un tono cálido). Pero tenemos que ir paso a paso.

María Elisa asintió de nuevo, y esta vez, no pudo contener una lágrima que rodó por su mejilla. Se sentía dividida entre la gratitud por no haberla abandonado por completo y la tristeza de saber que el camino hacia el perdón sería largo y difícil.

Maria Elisa: Gracias por ser honesto (murmuró). Y gracias por no dejarme sola... De verdad.

Roberto la miró con una mezcla de cariño y resignación. La atrajo hacia él en un abrazo, pero no fue el abrazo reconfortante y cálido de antes; fue más un gesto de apoyo, de alguien que aún estaba lidiando con sus propios sentimientos. María Elisa cerró los ojos y apoyó la cabeza en su pecho, sintiendo el latido de su corazón. Sabía que tenía que ser fuerte, por ella y por el bebé que llevaban juntos, aunque su relación ahora pendiera de un hilo.

Cuando el abrazo se disolvió, Roberto le dedicó una última mirada antes de salir de la habitación.

Roberto: Descansa, María (le dijo suavemente). Yo estaré aquí si necesitas algo.

La puerta se cerró tras él, dejando a María Elisa sola con sus pensamientos. Miró la habitación que ahora se convertiría en su refugio temporal y se prometió a sí misma que haría todo lo posible para recuperar la confianza de Roberto. 

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Nota de la autora: 

Roberto sigue sin perdonarla. ¿Qué harían ustedes en el lugar de María Elisa?

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