Narrador externo
El hospital estaba sumido en un silencio inquietante, interrumpido únicamente por el sonido distante de monitores y pasos apresurados. Dante llevaba a María Elisa de la mano, guiándola por los pasillos mientras la angustia la oprimía como una cadena invisible alrededor del pecho. Sus ojos estaban hinchados por el llanto, su respiración era irregular, y su ropa seguía manchada con la sangre de Roberto.
Cristina llegó poco después, su rostro lleno de preocupación. Apenas vio a María Elisa, fue directo hacia ella, abrazándola con fuerza. María Elisa, aunque agradecida, no reaccionó mucho, estaba completamente perdida en su dolor, en su temor por lo que podría pasar con Roberto.
Cristina: María... no puedes quedarte así. Ven, te llevo al hotel para que te cambies y te sientas un poco más cómoda. (le dijo suavemente, tratando de sacarla de ese estado en el que parecía atrapada)
Pero María Elisa negó con la cabeza, sus ojos fijos en la puerta que llevaba al quirófano.
María Elisa: No, no puedo irme... no hasta que sepa algo de Roberto. (murmuró con un tono quebrado, su mirada vidriosa)
Cristina entendía el miedo de su amiga, pero también sabía que no podía quedarse con la ropa toda manchada. Aún así, no insistió. Colocó una mano en su hombro y suspiró.
Cristina: Está bien... entonces voy yo. Te traeré algo de ropa para que te cambies aquí.
María Elisa apenas asintió, su mente aún atrapada en el recuerdo de Roberto desangrándose en el suelo. Cristina la observó por un momento más antes de salir rápidamente en busca de lo que necesitaba.
El tiempo en el hospital transcurría con una lentitud exasperante. Cada segundo era un nuevo golpe en el pecho de María Elisa, que no dejaba de ver su reloj, esperando cualquier noticia. Dante no se separaba de su lado, aunque en su rostro también se notaba la preocupación. Estaba siendo fuerte para ella, pero por dentro, la incertidumbre lo carcomía.
Finalmente, después de lo que parecieron horas eternas, la puerta del quirófano se abrió y el doctor salió con una expresión seria pero esperanzadora.
Doctor: Roberto ha perdido mucha sangre, pero ha salido bien de la operación (informó con una voz firme, aunque cansada). La bala no dañó ningún órgano vital, pero fue una intervención delicada. Ahora, lo importante es que descanse y que su cuerpo responda. Tenemos que esperar a que despierte.
María Elisa sintió un alivio momentáneo al escuchar que Roberto había sobrevivido a la cirugía, pero la incertidumbre aún estaba presente. Saber que todo dependía de cómo reaccionaría ahora su cuerpo la tenía al borde del colapso emocional.
María Elisa: ¿Puedo verlo? (preguntó con su voz rota pero llena de urgencia)
El doctor asintió, aunque le advirtió que solo podría estar con él unos minutos.
Dante la miró con compasión mientras el doctor la guiaba hacia la habitación. María Elisa apenas podía sentir sus piernas mientras caminaba hacia donde estaba Roberto.
Al entrar, lo vio en la cama, conectado a varios monitores, su piel pálida y frágil. Parecía estar durmiendo, pero no de la manera tranquila a la que estaba acostumbrada a verlo. María Elisa se acercó lentamente, su corazón latiendo dolorosamente en su pecho. Cada paso la llenaba de miedo, pero también de una necesidad desesperada de estar cerca de él.
Cuando llegó a su lado, tomó su mano con delicadeza, temiendo que cualquier movimiento brusco pudiera dañarlo más. Los sollozos regresaron, pero esta vez en silencio, mientras acariciaba sus dedos, rogando internamente que despertara.
María Elisa: Roberto, mi amor... por favor, lucha por tu vida. (susurró con la voz temblorosa, sus ojos fijos en su rostro inmóvil) No puedes dejarme así... por favor...
Las lágrimas cayeron una tras otra sobre la sábana blanca mientras el silencio de la habitación parecía pesar más que nunca. Cada segundo era una eternidad, y aunque sabía que solo tenía unos minutos, no quería separarse de él.
María Elisa: Te necesito, mi amor. No me dejes. (dijo con suavidad, apoyando su cabeza en la cama junto a su mano, sintiendo su propio corazón latir desesperadamente)
Pero él no respondió. Y en ese momento, María Elisa entendió lo vulnerable que era, cómo la vida podía cambiar en un segundo, arrebatándole todo lo que amaba. No le importaba cuánto tiempo le quedaba allí, solo quería que él supiera, de alguna manera, que ella estaba a su lado, y que no se iría.
Cuando los minutos se agotaron, el doctor regresó para pedirle que dejara descansar a Roberto.
Doctor: Señorita, se acabó el tiempo, tiene que salir.
Maria Elisa: (con la voz quebrada) Un momento más, por favor.
Doctor: Lo siento, no es posible.
María Elisa, con todo el dolor de su corazón, se obligó a soltar la mano de su amor, pero no sin antes inclinarse hacia él y susurrar:
María Elisa: Voy a estar aquí cuando despiertes, lo prometo. (le dio un beso en los labios)
Salió de la habitación sintiendo cómo su corazón se rompía en mil pedazos. El miedo de perderlo para siempre se aferraba a su pecho, llenándola de una profunda angustia que apenas podía soportar. El remordimiento la envolvía al recordar lo distante y fría que había sido con él en los últimos días. Se sentía completamente miserable, atrapada entre el deseo de recuperarlo y el temor de que ya fuera demasiado tarde.
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Nota de la autora:
Lamento la tardanza, pero estoy corta de ideas, inspiración y motivación.
No olviden votar y dejar su comentario!! Gracias por leerme!!
Xoxo, D
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Sin Querer
FanficSamantha es una joven universitaria que sueña con ser actriz. Es fiel admiradora de la actriz ecuatoriana María Elisa Camargo. María Elisa está profundamente enamorada de su novio Roberto, a quien conoció en una de las producciones que trabajó. Amb...