Capítulo 121

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Sus bocas se entrelazaron de nuevo, ofreciéndose y regalándose besos de pasión. Dulce había soltado sus muñecas, aferrándose a la espalda del hombre que permanecía sobre ella. Christopher, por su parte, con una mano desabrochaba el sujetador de satén que la muchacha traía, mientras con la otra manoseaba su turgente trasero. No hablaban, lo único que se escuchaba en aquella sala eran suspiros de placer.

La temperatura aumentaba en aquella habitación. Él pronto se desprendió de su camiseta, ella hizo lo propio con la suya. Al final, el corazón había dominado a la razón. Uckermann decidió explorar nuevos lugares con sus labios hinchados, recorriendo los pechos que ya sobresalían de aquel sostén. Mientras, por aquellas cristaleras podían ver y escuchar el griterío que se había formado ante una nueva parada del arquero del América.

Christopher había dejado salir a la fiera que se escondía bajo aquel pantalón que ya se encontraba a la altura de sus rodillas, tomando la mano de Dulce, haciendo que ella lo agarrase y rodease con sus dedos torpes. Mientras, el hombre se había dedicado a deshacerla de aquellos ajustados jeans y aquellas braguitas humedecidas.

- No Dul, esto no está bien...; decía Uckermann alejándose de ella, recogiendo su ropa, tomando rumbo a uno de los baños que se encontraban en aquel cuarto.

Unos segundos antes sus partes íntimas se habían rozado por segundos. Ahora, Dulce, permanecía inmóvil sobre aquel sofá, aún sin comprender la espectacular huida de aquel hombre que la había vuelto loca en apenas unos minutos. Al fin y al cabo, el plan del muchacho estaba consiguiendo los resultados que él buscaba. La pelirroja, completamente desconcertada, decidió seguir los pasos del chico, vistiéndose antes de que él saliese del baño.

- Lo siento, lo siento mucho, esto nunca debió de haber pasado. Tú tienes novio y esto no está bien...; comentaba Christopher con falso arrepentimiento.

Dulce lo observaba, sin decir nada, atónita ante sus palabras. Ella decidió agarrar su teléfono y enviar un mensaje al arquero que aún se encontraba en el campo: «Nos vemos en el hotel de concentración. Avísame cuando lleguen y espérame en el hall. No tardes».

El partido terminó sin que ninguno de los dos se dirigiese la palabra, aunque las miradas furtivas eran inevitables. Al salir se despidieron con un tímido beso en el cachete. Uckermann arrancó rumbo a su departamento. Dulce tomó un taxi que la llevaría al hotel que albergaba a su novio y sus compañeros.

Before the moon...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora