Capítulo 186

1.2K 85 30
                                        

Se despertaron horas después, ya de madrugada, cuando una pequeña brisa movía sus cabellos revueltos. Se levantaron entre arrumacos, desnudos, y se dispusieron a explorar el interior de aquella cabaña colonial situada en la región de Valparaíso.

Sólo contaba con una habitación con las paredes envueltas en madera, presidida por una gran cama cubierta por un acolchado edredón de color blanco, acompañado de un dosel del mismo color. Si miraban al cielo podían ver la paja que cubría el tejado bajo el que se albergaban. Alguna hebra caía sobre las alfombras de mimbre que cubrían el suelo, a conjunto con el cabecero de la cama de matrimonio.

Por supuesto, no perdieron la oportunidad de estrenarla por todo lo alto.

Eran las seis y media de la madrugada cuando la alarma del teléfono de Christopher sonaba de nuevo. Apenas habían dormido unos cuarenta y cinco minutos y ya debían regresar a Santiago, donde en poco más de tres horas su avión despegaría rumbo al DF.

Recogieron la ropa que horas antes habían esparcido por aquel porche, montaron en el auto y se dirigieron directamente al aeropuerto. El joven había pedido a sus compañeros que empacasen sus cosas y las cargasen en las camionetas.

Hora y media después estaban ya reunidos con el equipo, esperando a embarcar en unos asientos un tanto incómodos. Los bostezos de Dulce y Christopher se hacían notar cada pocos segundos, despertando las carcajadas de todos sus compañeros.

- Parecen dos hipopótamos... ¿Ya nos van a decir qué fue lo que ocurrió esta noche?; preguntaba Christian abriendo la conversación.

- ¡Ay sí, ya dígannos!; pedía Annie entusiasmada.

- Los hipopótamos y las cotorras. En poco tiempo ya tenemos el zoo completo; ironizaba Alfonso.

- ¡No seas así Poncho! ¿Ya tenemos pareja oficial?; los cuestionaba Maite impaciente.

- Esto...; titubeaban Dulce y Christopher mostrándoles sus nuevas alianzas.

- ¡Por fin, por fin, por fin!; chillaba la güera abalanzándose sobre ellos, seguida muy de cerca por la otra muchacha del grupo.

- A ver cuánto duran...; le susurraba Pedro a Luisillo unos metros más allá.

Before the moon...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora