Capítulo 202

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Christopher y Dulce se despertaron aquella mañana de verano con la única intención de descubrir aquella ciudad a la que habían llegado un día antes. Tras una ducha rápida y un desayuno ligero, tomados de las manos salieron de aquel hotel rumbo a su primer destino: los Reales Alcázares, un impresionante conjunto palaciego que les permitió admirar la singular belleza del arte árabe. Tras una visita guiada y unas cuantas fotografías, caminaron hacia la Catedral de Sevilla, cuyo estilo gótico dejó impresionada a la muchacha, mientras su novio se entretenía observando la supuesta tumba de Cristóbal Colón. Cuando la abandonaron, la pareja dejó sus pulmones al subir a la Giralda, un alminar de la antigua mezquita que ese día les ofreció las mejores vistas de la Sevilla actual.

Tras las visitas mañaneras, sus tripas ya rugían, por lo que decidieron visitar alguno de los bares que recomendaban en los folletos que Dulce María traía, para así disfrutar de las mejores tapas de la ciudad hispalense: montaditos, revueltos, caracoles, gazpachos, salmorejos, pescaíto frito, serranito, rabo de toro y un largo etcétera de delicias culinarias, siempre acompañadas de una buena cerveza o un refrescante tinto de verano.

Tras la comida, decidieron callejear entre los viandantes disfrutando de un rico helado artesano. Por casualidad llegaron a la Plaza de España, un foro de enormes dimensiones con forma semielíptica, forma que simboliza el abrazo del país que los acogía con sus antiguos territorios americanos. Se impresionaron en el mismo instante en el que pusieron un pie en ella, quedándose parados frente al puente que bordea la fuente central. Caminaron lentamente, admirando la belleza de aquel espectacular paraje, observando los bancos que simbolizaban las 48 provincias españolas...

- Mira, Santiago de Compostela; señalaba la joven sentándose sobre la provincia de A Coruña.

- ¿Te gustaría ir?; preguntaba el muchacho parándose a su lado.

- Me encantaría. Paulo Coelho la describió tan bien en su primera novela. Tiene que ser una ciudad impresionante, muy espiritual...; explicaba la chica recordando las palabras del escritor brasileño.

- Se lo podemos proponer a Pedro para nuestra próxima gira; sonreía el greñudo.

La tarde transcurrió tranquila, disfrutando sin incomodidades de su amor, descansando entre arrumacos en el Parque de María Luisa.

- Ya van a ser las seis de la tarde y aún no hemos visitado Triana; decía la pelirroja mientras apoyaba su rostro sobre la tripa de su novio.

- Está bien, vamos... Te podrás camuflar entre las muchachas del barrio; reía Uckermann.

- ¿Por qué?; preguntaba Dulce sin entender sus palabras.

- Por tu pelo de gitana; bromeaba el chico manoseando sus cabellos recién teñidos de color azabache.

Before the moon...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora