Capítulo 151

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Decidieron compartir una ducha relajante. No hubo sexo, sí muchos besos tiernos y caricias dulces. Limpiaron aquella cocina, también el salón. Al día siguiente abandonarían su particular paraíso y no tenían intención de estropear su mañana entre líquidos y trapos. Recogían en silencio, mirándose a hurtadillas mientras tímidas sonrisas salían de sus labios.

Se habían olvidado de las cartas que Annie y Poncho habían esparcido por el bungalow. Sobre la única cama que había en la cabaña encontrarían la última de ellas: «Les dejamos la cajita de los cinco sentidos para que la usen a su antojo. De lo que ocurra en este cuarto no es necesario que compartan fotos con nosotros. PD: no hay más cartas, simplemente dedíquense a disfrutar. Con amor: A&A».

La caja que se encontraba al lado de aquel sobre enviado por sus compañeros contenía a su vez otras seis cajitas numeradas...

Comenzaron por la primera, se correspondía con el sentido de la vista. Una única indicación: «Christopher hará un striptease. Dulce lo disfrutará desde la cama... Con amor: A&A». Una mirada perversa envió la muchacha al joven que nervioso reía a su lado. Pidió unos minutos de preparación, buscando la ropa más adecuada para el espectáculo que enseguida comenzaría...

Pronto entró por la puerta de aquella habitación, embutido en una camisa ajustada y unos vaqueros ceñidos. Dulce, como le habían indicado, lo esperaba ansiosa sobre aquella cama escondida tras una amplia sonrisa. Uckermann tarareaba la melodía de "You can leave your hat on" cuando lentamente ya desabotonaba todos y cada uno de los botones de su camisa, sin dejar de moverse sensualmente mientras miradas perversas se clavaban en el cuerpo de la pelirroja, quien no podía dejar de reírse ante tal espectáculo. Tirando la camisa a la cara de la joven, el chico decidió deshacerse del cinturón que sostenía aquellos jeans, quien pasaría a rozar el torso de su compañera para continuar por perder aquellos pantalones que cubrían la poca piel que no estaba a la vista. Se quedó en bóxers cuando Dulce María sostenía y olisqueaba las prendas de las que se había desprendido minutos antes.

- Aquí lo dejamos, más tarde tendrás tu regalito; informaba Christopher abalanzándose sobre ella en aquella cama mientras mil y un besos recorrían su piel erizada.


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