Capítulo 205

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La Calle Betis era una de las más emblemáticas del Barrio de Triana. Con sus fachadas de colores, esa vía era la encargada de unir el Puente de Triana y el de San Telmo mientras se bordea el Guadalquivir.

Sus edificios eran altos y estrechos, mientras que sus bajos estaban reservados a bares y restaurantes en los que se montaban terrazas con veladores, como el que ya ocupaban los seis integrantes de RBD. Se decidieron por compartir una rica tabla de embutidos mientras charlaban y observaban el Paseo de Colón, que se abría paso frente a ellos en la otra orilla del río.

Su plática se alargó hasta altas horas de la madrugada, cuando la luna llena iluminaba gran parte de la ciudad. Decidieron caminar hasta su hotel, cruzando nuevamente el Puente de Triana, callejeando entre sus pedregosos caminos hasta dar con la entrada principal. Todos se despidieron y se dispusieron a entrar en sus respectivas habitaciones...

- Tenemos que terminar lo que dejamos a medias esta tarde... Aún tengo que comprobar si serías capaz de sobrevivir sin esto el resto de tu vida...; decía Christopher sugerentemente.

- ¿Por qué eres tan mala conmigo?; susurraba el muchacho, apoyándola contra la pared.

Dulce no respondía, únicamente exhalaba. El muchacho siguió con su juego, aprisionándola contra la pared, haciendo que sus manos se perdiesen bajo la falda de la pelirroja.

- ¿Seguro que podrías sobrevivir sin mí? No respondas, te demostraré que no, al igual que yo tampoco puedo vivir sin ti...; decía el joven a escasos milímetros del oído de su novia.

Excitados, se besan con pasión incontrolada durante unos segundos, hasta que el greñudo la alza en brazos para tumbarla sobre la gran cama que presidía su cuarto. Él se quita la camiseta y las bermudas en un abrir y cerrar de ojos. Ella hace lo propio con su blusa y su falda. Desnudos se observan durante un instante, hasta que Uckermann se coloca a horcajadas sobre ella, estirando sus brazos hacia atrás mientras la besa con fuerza. La penetra en un sólo movimiento, suficiente para que la muchacha se corra al segundo. Mientras ella jadea como loca, el joven la embiste con más fuerza, haciendo que se corra nuevamente. En las últimas sacudidas de su orgasmo, él se levanta, alzando las piernas de la pelirroja, penetrándola nuevamente. Es ella ahora la que aprieta sus muslos, consiguiendo excitarlo de tal manera que es Uckermann el que se precipita mientras se estremece con gran ímpetu.

Durante un tiempo yacieron en su cama, recobrando nuevamente el aliento que habían perdido durante los últimos minutos.

- Me gusta tu furia gitana...; decía el hombre en un suspiro.

- A mí me gustas tú, Rey de los Gitanos; respondía la mujer sin dejar de abrazarlo.

Una tenue luz iluminabaaquel cuarto. Provenía de la luna llena que protagonizaba aquella noche. Frentea ellos, este astro también se encargaba de hacer destellar un pequeño candadoen el que nadie había reparado. Se perdía en la soledad de un puente, la lunasería su única confidente.*

Before the moon...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora