Capítulo 199

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Dicen que tras la tempestad siempre llega la calma. Christopher estaba a punto de descubrir si el dicho era cierto sobre aquel escenario... Al terminar aquella canción, ambos conocían los pasos que debían dar. Así lo hicieron, quedando frente a frente ante las veinticuatro mil personas que se albergaban en aquel estadio de Brasilia. Él, inseguro, la miraba temeroso. Ella, ansiosa, sólo deseaba estar entre sus brazos. Le había jurado lealtad, creía y confiaba en él, no importaba lo que muchos pudieran inventar... Lo amaba y sabía que él la amaba, y eso era suficiente para ella.

Y así, con distintos pensamientos en sus mentes, sabían que el momento había llegado... Dulce lo tomó de las manos sin dejar de mirarlo a los ojos, escondida tras una sonrisa de tonta enamorada. Uckermann la observaba sin saber cómo reaccionar. Ella se acercó, él lo hizo también. Cerraron sus ojos antes de unir sus labios. Necesitaban sentirse, una vez más, en esta ocasión de una manera mucho más especial...

Dudaron durante un par de segundos. Dulce alzaba su cuello intentando llegar a su boca. Él hacía lo propio buscando sus labios. Y así, con las manos entrelazadas, se unieron en un beso eterno que dejó sorprendidos a propios y extraños...

No era un simple beso, era una conexión de almas, una conexión que ambos necesitaban... La joven se soltó de sus manos, dejando caer sus brazos sobre su cuello, atrayéndolo más contra sí. El muchacho la tomó por la cintura, alzándola unos milímetros del suelo, disfrutando del sabor de ese beso que se alargaba en el tiempo.

El beso terminó, el abrazo continuó un par de segundos más, despertando en ellos una de esas sonrisas cómplices que los caracterizaba. Ella besó su cuello, él intentó besar su hombro... Sin palabras, decidieron que ese no era el lugar idóneo para ofrecer un espectáculo amoroso, por lo que con los cachetes colorados Dulce María fue la primera en abandonar aquel escenario en el que sólo quedaban ellos dos. Christopher siguió sus pasos muy de cerca...

- ¡Te amo!; gritaba Uckermann tomándola en brazos, ofreciéndole aquel beso pasional que habían evitado sobre aquel escenario.

- Ya chamacos, dejen decomer pan frente al hambriento y guárdense las cochinadas para el hotel; reíaChristian a sus espaldas.m1

Before the moon...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora