Capítulos 123 y 124

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La muchacha permanecía inmóvil frente aquella puerta, esperando que el joven que aún ahora se levantaba de su cama corriera a abrir. Así lo hizo, con una camiseta ajustada y un pantalón de pijama que marcaba sus turgentes posaderas. Abrió y se sorprendió. En esta ocasión fue él el que se quedó sin palabras.

- Ahora ya no tengo novio...; anunciaba Dulce María nerviosa mientras él no dejaba de mirarla.

Christopher no respondía, la observaba sin pestañear. En esta ocasión, fue Dulce la que decidió tomar las riendas de la situación. Se lanzó a sus brazos para enfrascarse en un apasionado beso. A duras penas caminaron entrelazados hacia la gran cama que presidía su alcoba, mientras las prendas que ya sobraban quedaban esparcidas por el pasillo que acababan de cruzar. El muchacho corrió a agarrar uno de los preservativos que guardaba en su mesita de noche, colocándoselo con ansias de devorarla. La embestida fue rápida y profunda, y ese dolor que al principio ella sintió se transformó en un placer sublime a cada nuevo asalto. Sus gemidos de placer lo confirmaban. Estos no cesaron cuando el muchacho ya se perdía en sus pechos, mientras sus dedos exploraban la zona más húmeda de su ser, mucho más mojada cuando no pudo evitar correrse, convulsionando bajo el hombre que la estaba haciendo enloquecer.

Dulce decidió complacerlo a él también, besando su torso, saboreando los cuadraditos de su abdomen mientras bajaba lentamente hacia el culpable de su locura. Lamió su verga, viendo cómo él se estremecía a cada lengüetazo, introduciéndola poco a poco hasta llegar a su garganta, jugueteando con ella hasta que logró hacerla explotar de placer. Cuando Uckermann no pudo más la volvió a tender sobre la cama desecha, abriendo sus piernas para disfrutar de su particular capricho. Comenzó lamiendo sus labios sutilmente hasta meter la lengua hasta lo más profundo de su ser, al mismo tiempo que pequeños mordiscos aumentaban el tamaño de su clítoris. Ella se sorprendió al ver lo que, nuevamente, ese hombre lograba hacerla sentir...

(Por extrañas razones desapareció el Capítulo 124, aquí lo dejo...)

Estaban agitados, también agotados, pero la necesidad que sentían el uno por el otro era mayor...

Christopher ya se encontraba de nuevo sobre ella, saboreando todas y cada una de las comisuras de su cuerpo ardiente. Necesitaba tenerla y no estaba dispuesto a dejarla ir. Ella permanecía sumisa bajo él, pero muy pronto cambiarían las tornas. Fue Dulce la que lo hizo caer sobre aquella cama, sentándose a horcajadas sobre él, entrando y saliendo cada vez más rápido mientras sus gemidos no hacían más que aumentar de intensidad. Christopher, en un impulso, la alzó sin salir de su interior, llevándola hacia el escritorio que se encontraba bajo la ventana principal. Desde allí los observaba una gran luna llena que tenuemente iluminaba la estancia. La pelirroja posó una de sus piernas en su cadera, la otra permanecía en su hombro, mientras Uckermann empujaba como bestia al mismo tiempo que masajeaba su clítoris con dedos ágiles. La muchacha sólo gimoteaba, arqueando su espalda a cada nueva embestida, mientras el joven suspiraba sin dejar de mirarla. Embelesados, se entregaron el uno a otro, llegando al orgasmo más placentero que hubieran experimentado hasta el momento.

Lo disfrutaron por segundos, hasta que Uckermann la alzó de nuevo en brazos, llevándola al baño del cuarto principal, donde ya abría el grifo del agua caliente para besarse nuevamente bajo aquella lluvia improvisada. Las piernas de Dulce se aferraban a su cintura, sus brazos se entrelazaban detrás de su cuello. Sin más preámbulos, nuevamente la pelirroja lo notó dentro de ella. Sus movimientos eran suaves, acompasados, hasta que el muchacho decidió elevar sus nalgas, empujando fuertemente mientras ella rebotaba contra la pared cubierta de azulejo. Gimoteaba cuando él mordisqueaba sus pezones, mientras ella se entretenía con su verga y sus testículos y él hacía lo propio con su clítoris. El agua no dejaba de correr, ellos lo hicieron también.

No mediaron palabra, se secaron sin dejar de mirarse a hurtadillas, dejándose acunar en brazos de Morfeo cuando el cansancio que invadía sus cuerpos se apoderó de ellos hasta el día siguiente...


Before the moon...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora