❄34: Dentro del corazón.

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Recuerdos...

Si bien en mi forma de lobo sentía el olor del celo, como humano éste se me hacía extremada y peligrosamente
llamativo. Era como si él me llamase a su lado, me pidiera quedarme, apartarlo de otros, reclamarlo como mío... pero sabía en el fondo que eso no era lo que Yuri quería.

No es algo que nadie quiera realmente y yo no cedería a mis
impulsos.

Como siempre, estaba mi corazón contra mi naturaleza, ya fuera como un sanguinario carnívoro o como un impulsivo alfa.

Avancé hacia él con paso firme y seguro. A unos centímetros, noté el temblor proveniente de su cuerpo así
como una delatora posición de defensa propia de la timidez que le embargaba. Estaba entendiendo algunas cosas, enfrentándolas, armándolas en su cabecita y preguntándose, al mismo tiempo, qué era lo que pasaba.

Frente a él, tendí una mano con la palma hacia arriba, como hacía en nuestros encuentros en el bosque. Dubitativo, alargó la mano y una vez que sus dedos tocaron mi piel me
incliné lentamente para arrodillarme frente a él y besar el dorso de su mano con profundo respeto y amor.

El temblor en su cuerpo aumentó reflejándose en los movimientos apenas perceptibles de sus dedos. Tenía el rostro congestionado junto a la expresión confundida.

Estaba claramente asustado.

La pregunta vino de forma inevitable.

—¿Por qué? — susurró evadiendo mi mirada y ladeando la cabeza, como si buscara la oportunidad de esconderse.

Esos eran nuestros instintos hablando y recordándonos que nosotros éramos un depredador y su presa.

—¿Qué pasa? ¿No te alegra verme?

No contestó. Solamente soltó nuestro agarre y regresó a su habitación cerrando la puerta con llave, algo que él nunca había hecho.

—¡Yuri! —llamaba por enésima vez en la noche, golpeando la puerta con el dorso de mi mano.

—Ya déjalo, no va a salir —dijo su hermana apareciendo por la puerta.

Cuando llegó, vino quejándose de la mala organización en la distribución de víveres por parte de los pacificadores.

Cargaba con un saco lleno de verduras y hortalizas, las cuales cayeron al suelo al verme y entender lo que pasaba.

Rendido y perdiendo mis esperanzas de que Yuri me dejase entrar, recargué la espalda contra la puerta de su habitación y con una mano peiné mis cabellos hacia atrás.

—¿Crees que esté enojado?

—Veamos... ha pasado unos, no sé, seis años o algo así al lado de un lobo el cual consideraba su único amigo, luego se enamora de un misterioso chico del bosque el cual no le deja en claro sus sentimientos, además lidia con cambios en su cuerpo que no entiende a cabalidad y cuando esto ocurre, descubre que el lobo es su príncipe y éste se manifiesta enel momento de su primer celo—entornó los ojos—. No, no creo que esté molesto. Para nada.

—¿Sabes? Cualquier cosa sonaría así de fatal si lo dices con ese tono.

—El punto es que Yuri no se siente en condiciones favorables ahora mismo y te toca entenderlo.

—¿Entenderlo? ¿Qué debería entender?

Su mirada cambió a una llena de obviedad.

—Lo que implica ser un omega en este mundo y sociedad.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora