Recuerdos...
La ceremonia fue sencilla y a la vez reveladora. Durante la cena, la familia de Yuri obtuvo una serie de ensaladas y arroz, la de Yuuko, Takeshi y Mila correspondía a la típica dieta de los omnívoros y tanto Nikolai como Yurio disfrutaron de un bife preparado con distintas especias pero totalmente crudo, algo que hizo que la familia de Yuri sintiese algo de miedo al principio, pero luego parecían
recordar que ese hombre había recibido a Yuri en su casa y no los lastimaría.
Por mi parte, apenas podía apartar los ojos de la hermosa vista que tenía a mi lado. Yuri se veía radiante. Luego de la cena, nosotros nos retiramos mientras los demás conversaban y el padre de Yuri bebía.
Sabíamos que eso no resultaría en nada bueno para él.Una vez en nuestra habitación, Yuri me esperó en la típica posición oriental sentado sobre nuestro nido. Me quité el blazer y los zapatos. Al verme, sonrió con tranquilidad y sus ojos se posaron en el aro de matrimonio que rodeaba mi dedo.
—Al fin—murmuró—. Estoy casado con mi lindo príncipe.
De nuevo, estaba perdido en su imagen, en esa imagen tan perfecta de una sensualidad que no podía ser vulgar porque se mezclaba con ese tinte de inocencia tan propio de él.
Embobado tomé su mano y me senté a su lado.
—¿Viktor? —llamó—. Estuviste muy callado, amor. ¿Sucede algo? ¿No te gusta cómo me veo?
—Yuri, sabía que podía enamorarme de ti cada día más, pero hoy te superaste. Eres peligroso para mi corazón.
Al terminar, tenía el rostro tan enrojecido que él empezó a reírse.
Evitaba mirarlo y él me llamó con un beso en la mejilla.
—Entonces sí te gusta cómo me veo. Temía que te incomodaras por... bueno... ya sabes...
—Yuri, no sé si lo notaste, pero soy yo quien te ha ayudado a bañarte durante todo el embarazo y también he sido yo ñquien compró el aceite para las estrías y han sido mis manos las que lo aplicaban. ¿Aún crees que no sé cómo es tu cuerpo?
Empezó a jugar con sus dedos y murmurar.
—Temía porque... tú te enamoraste de un hombre, y ahora cada vez me parezco más a una mujer.
—Yo no me enamoré de Yuri por ser hombre, si no por ser Yuri y ser tan dulce. Esta es tu naturaleza, y amo eso de tí. Lo que te sucede es natural y hermoso. ¿Por qué crees que me molestaría?
No me contestó, pero vi sus labios curvarse en una tierna y tímida sonrisa. Una vez seguro, buscó mi mano y la llevó hacia su cintura dirigiendo mano libre a mi rostro.
Descorrí el velo que adornaba su cabeza dejándolo a un lado y él me
atrajo para un beso, invitándome a recostarme junto a él.
Los besos afloraban dejando tras de sí el sonido de nuestros labios separándose, el cual poco a poco disminuía en frecuencia dado que dudaban en apartarse, quedándose
juntos y abrazados como nosotros.
Soltó mi cabello y cuando las hebras cayeron a cada lado de mi rostro, él apartó un mechón, cortando el beso y mirándome fijamente.
—Tú también eres muy lindo, Viktor —confesó sonrojado bajando una mano por mi pecho y jugueteando con los botones de mi camisa, soltando algunos y dejando mi piel
al descubierto.
Solté el broche que sujetaba el sobretodo blanco con diseños de hilo tornasolado. Debajo de este vi que quedaban otras dos prendas similares.
Al descorrerlas por sus hombros y acariciarlos, sentí un poco de rechazo.
