❄42: Estrellas de papel.

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Recuerdos...

Luego de nuestra primera vez, Yuri empezó a interesarse más en las cosas propias de la crianza. Pasaba las tardes junto a Yurio aprovechando las siestas de éste para que Mila le enseñase a tejer.

En menos de un mes tenía como seis
bufandas, un suéter y muchas cosas diminutas que él atribuía nos servirían para la llegada de nuestro primer cachorro.

—Amor, cuando llegue serán uno o dos, no diez —decía mientras él tejía una mantita entre mis brazos y yo
acariciaba su vientre. Realmente no me molestaba, se me hacía muy tierno en él y a decir verdad, la idea de formar familia me impacientaba.

El detalle con nosotros es que éramos muy conscientes de esos pequeños fragmentos de vida que pasan inadvertidos para otros, pero eran la base de nuestra felicidad.

Cuando creíamos que ya estábamos tan enamorados que habíamos llegado al límite del amor, caíamos en cuenta de que, enrealidad, el amor no es algo que tenga límites.

Crece, se multiplica y llena, desbordando el corazón de los amantes. Cada mañana, adoraba despertar a su lado, sentir su calor
entre mis brazos, reconocer las pequeñas marcas que dejaba en su piel y perderme en esos segundos perfectos antes de empezar el día, donde sin prisa alguna podía contemplar su faz tranquila posando una mano contra su mejilla y
acariciando sus labios con el dedo pulgar. Él era lo primero que veía al despertar y su imagen me acompañaba en sueños cuando dormía.

—Buenos días, mi lindo Yuri —saludaba cuando él se removía para desperezarse. Cuando lograba abrir los ojos, me contestaba con un beso en la mejilla.

Nos quedábamos juntos por unos cuantos minutos, él contra mi pecho escuchando los latidos de mi corazón y yo con la nariz entre sus cabellos, aspirando su aroma embriagador.

De repente, unos meses más tarde llegó el día en el que las cosas cambiaron. Yuri se veía extraño, las muestras de cariño menguaban y era común verle con la mirada perdida
en un punto en el infinito, distraído.

Se mostraba reacio a cualquier cosa que pudiese terminar en un encuentro íntimo y eso para mí fue algo fatal.

—Yuri...¿ya no me quieres? —pregunté una de esas noches en las que incluso rechazó un beso simple en los labios.

Él se mantenía de espaldas.

—No es eso, Viktor.

—¿Te lastimé mientras lo hacíamos?

Vi sus orejitas enrojecer.

—No... de verdad que no es eso...

—¿Entonces? —no recibí respuesta. No inmediatamente. Pasé una mano por su cintura, acariciando su vientre—. Se siente muy tibio. ¿Estás cerca del celo?

Su mano se encontró con la mía y entrelazó los dedos.

—Algo así.

—Ya veo... —continué—. Uhm... ¿quieres que consiga supresores?

—¿Eh?

—Si no quieres hacerlo conmigo, lo entiendo. Pero debo velar por ti y sé que es muy incómodo para ti sobrellevar esos días. Quizás los supresores no ayuden mucho pero...

—Viktor. —Cortó girándose para mirarme—. Estoy bien, no te preocupes. Solo quiero estar seguro de algo.

Solté su mano y me giré en el nido, envolviéndome sobre mí mismo aún molesto.

—Si ya no me quieres deberías decirlo—murmuré molesto.

—Viktor...

—Estoy enfadado.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora