Recuerdos....
Luego del terrible incidente, papá tuvo que quedarse en la ciudad por unos días mientras el resto de la familia regresaba a casa. Recuerdo que no quería separarme de Yuri
y pasé cada minuto esperando anhelante verle de nuevo.
—Vitya, ¿podrías prestarme atención? —reclamó Yakov bajando su libro de texto.
Contrario a mi actitud habitual, ahora pasaba las horas sentado y sospechosamente calmado. Tenía mi cabeza sobre la mesa, restregándola contra la mesa mientras mis cabellos caían contra la superficie dura y fría.
—Las manos de Yuri eran tan cálidas... —murmuré arrastrando las palabras sin la mínima gana de hacer algo.
No me dijo nada, él sabía que estaba deprimido. Mamá decía que se debía al lazo que habíamos formado ese día. Era claro que me afectaba, me pasaba el día entero con "Yuri esto, Yuri aquello". Como estaba tan deprimido, ni siquiera Lilia veía conveniente decirme algo sobre mantener mis orejas o cola de lobo escondidas.
De cualquier modo, estaban caídas todo el día y las hubiese mantenido así de no ser que escuché los pasos de mi padre acercándose en la lejanía.
No tardaría en entrar por el portón
principal de la villa en la que vivíamos. Y entonces, la sorpresa más bonita de mi vida.
—Ese olor... —murmuré ignorando por completo a Yakov y acercándome a la ventana.
El salón de clases se encontraba en el segundo piso y de por sí las habitaciones eran bastante altas. No me importó, sin pensarlo mucho tomé impulso en el dintel de la ventana, cayendo sobre una de las ramas del
roble que se alzaba a un lado y luego al piso lleno de nieve.
—¡Yuri! —grité feliz, corriendo como nunca lo había hecho en mi vida.
Papá traía a Yuri en sus brazos y al verlo me puse a correr a su alrededor sobre mis cuatro extremidades, moviendo las orejas y la cola con rapidez.
—¡Yuri! ¡Yuri! ¡Yuri! ¡Yuri! —repetía girando alrededor. Papá se reía y cuando devolvió a Yuri a tierra firme,
prácticamente me lancé sobre él, cayendo los dos sobre la nieve—. ¡Mi Yuri! ¡Mi lindo Yuri! ¡Al fin!
Yuri llevó una mano hacia mi cabeza, tomando una de mis orejas de lobo y riéndose.
—Perrito.
—¡No soy un perro! ¡Soy un lobo!
—Shh. Lobito malo —continuó con esa risa candorosa y tintineante.
Reparé en la herida cicatrizada de su antebrazo y bajé las orejas. Aún me sentía terrible por eso. Él se dio cuenta y se apresuró a abrazarme por el cuello.
—Mi príncipe.
Respondí a su abrazo sujetándole contra mi cuerpo. Ojalá pudiese tenerlo así siempre.
—Creo que ha aprendido a domarte, Vitya.
La familia de Yuri no podía dejar su trabajo en la ciudad por lo que venían a visitarlo los fines de semana.
Extrañamente, empecé a portarme bien. En realidad lo atribuía a que no quería que Yuri pensara que yo era un mal niño y además que ahora todos mis castigos tenían alguna relación con él.
"Si no estudias, no puedes jugar con Yuri"
"le diremos a Yuri que te portaste mal"
"Yuri no jugará contigo si no
comes tus verduras".
