Bastó con saltar hacia el grupo de mocosos feos, interponerme entre ellos y Yuri como el valiente príncipe que soy y concluir enseñándoles los dientes, gruñendo de forma amenazadora.
—¡Un lobo! —gritó uno de ellos y salieron corriendo, tropezándose con sus propios pies.
Mocosos impertinentes.
Giré para mirar a Yuri sintiendo cómo mi corazón delataba la felicidad que me embargaba al encontrarle.
En sus ojos de otoño vi que tenía miedo, como cualquiera. En mi forma de lobo doblaba mi talla de humano, viéndome muchísimo más grande y peligroso.
Mi adorado Yuri, ¿cómo crees que yo podría lastimarte?
Agachando la cabeza, me arrimé contra su pecho invitándole a acariciarme. Temblando y midiendo sus movimientos, llevó una mano tras de mis orejas, frotándolas y haciendo que las bajara y cerrara los ojos.
Aspiré su dulce aroma, calmando la nostalgia que me embargaba, curando el vacío de su ausencia por unos segundos.
—¡Yuri! —era la voz de su madre, quien corría a su encuentro e invadida por el miedo se detenía a unos pasos llevando las manos hacia el rostro, expresando toda su preocupación.
Yakov llegó justo a tiempo para brindar explicaciones.
—Hiroko, no le temas. Es uno de los lobos que "ellos" entrenaban —explicó aún agitado por la carrera,
refiriéndose a mi familia—. Ha debido reconocer a Yuri.
Está bien entrenado, aunque a veces es demasiado desobediente.
Ignoré por completo el reclamo de Yakov, era feliz al encontrarme con Yuri de nuevo y solo quería cuidarle, incluso si para eso debía mantener esta forma. Él ahora acariciaba mi cabeza y yo buscaba su mano para lamerla.
—Eres muy bonito —dijo llenándome de ternura. Solo él podía hallar algo bueno en un ser tan oscuro como yo; no solo una, sino más veces—. Gracias por ayudarme.
Con algo de desconfianza en la mirada y los movimientos, su madre se acercó hasta cerciorarse de que yo no lastimaría a su hijo. Una vez segura, suspiró calmada.
—Esos niños no han dejado de molestarlo en las horas que llevamos aquí —dijo—. Creo que quieren aplicar la ley del más fuerte sobre el más débil, y Yuri es el niño más pequeño en esta ciudadela. Es una lástima que incluso entre nosotros
se aplique algo como eso.
Lancé una rápida mirada a Yakov. Él entendió.
—Al parecer le cae bien Yuri y viceversa. Como está entrenado, podría cuidar de él, solo debemos ambientarlo a su presencia.
—¿Eh? Pero...
—Yuri empezará a recibir clases en la escuela de la ciudadela, ¿no? Los niños pueden ser muy crueles y ahora mismo los padres no se preocuparán en educarlos, sino másbien en fomentar esa actitud violenta hacia quienes consideran más débiles.
Hiroko lo pensó largamente mientras observaba a su hijo. Yuri sonreía, jugaba con mis orejas y como me hallaba recostado, montó sobre mi lomo recostándose y abrazando
mi cuello. Me mantenía quieto demostrándole que nada de lo que él hiciera me molestaría.
En realidad no me molestaba en lo absoluto, estaba de nuevo junto a Yuri y solo necesitaba eso.
—Yuri —llamó su madre—, cariño, ¿quieres que el lobito sea tu amigo?
—¡Si! —exclamó emocionado. Los ojos le brillaban con fuerza—. ¡Tendré un nuevo amigo y así no me sentiré
solito!
