😾Kotik~7

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El olor que despedía su cuerpo era demasiado agradable.

Dulce, embriagador, llamativo, tentador...
El gatito se removía entre las sábanas y gruñía molesto al reconocer la molestia propia del celo en su cuerpo. Sus manos apretaban las sábanas y movía los pies como si quisiese excavar el colchón.

Recordé las veces que había escuchado a otros pacificadores herbívoros hablando sobre sus parejas, algo que nunca antes cruzó mi mente. Fuesen hombres o mujeres, omegas o betas, realmente no me interesaban.

Pero ellos decían que ese olor, el olor del celo de un omega era algo tan exquisito como funesto, tan sagrado como profano, tan perfecto como prohibido...Y lo peor: estaba entendiéndolo. Sin embargo, más que yacer a su lado sentía como si su cuerpo me pidiera que estuviese ahí, protegiéndolo de otros alfas.

Llevé una mano hacia él con lentitud, sintiéndolo irreal, abstracto, celestial...

Antes que pudiera acercarme vi como intentó alejarse de mí. Sus ojos parecían batallar internamente; tenía miedo y no estaba seguro si podría o no confiar en mí.

Recordé cuando lo encontré, había sido un alfa quien lo había lastimado de esa manera, era muy normal que después de ello nos repudiara, pero más que eso, sería muy normal que nos temiera aún él siendo un carnívoro y yo un herbívoro.

-Necesito trébol rojo... -repitió en un gruñido y con las mejillas encendidas por la fiebre-. Por favor... esto es muy incómodo.

Desconozco el impulso que me llevó a quitarme el abrigo y cubrirlo con éste. Era como si sintiera que estaba en peligro y al mismo tiempo no quería que otra persona se acercara a él. Vi como suavemente se encogió ante el roce de la tela, estaba aterrado, pero era extraño, parecía aterrado no solamente a mí, sino tambien a sí mismo, de su naturaleza y de su celo.

Cerré mis ojos y di algunas bocanadas de aire, disimulando la culposa satisfacción que poco a poco me incomodaba más. Por el bien de aquel pequeño, y probablemente por el mío, necesitaba conseguir su pedido lo antes posible. Mi naturaleza tenía que ser retenida, no solo por su condición de omega y carnívoro... Si no porque él era solamente un niño con un pasado trágico. Un paso en falso significaba abrir una pequeña puerta en su débil mente que desencadenaría tragedia tras tragedia.

-No te muevas ni abras la puerta a nadie.

Abandoné la celda volviendo la mirada con cada metro que avanzaba. No quería alejarme por mucho, algo en mí me exigía estar junto a él. Algo poderoso e instintivo.

Llegué al depósito de medicamentos buscando lo que él había pedido. Teníamos algunos omegas entre nosotros, mas estos estaban enlazados y solo buscaban los supresores cuando se hallaban lejos de sus alfas. Generalmente abundaban los anticonceptivos.

En nuestro trabajo no podíamos pensar en familia y si sucedía que uno de ellos llegaba a embarazarse, debía quedarse en una ciudadela junto a su hijo para criarlo
mientras su alfa asistía a misiones y se enfrentaba constantemente a la muerte, escapando de ella y sus colmillos.

Encontré un par de supresores, eso serviría.
Cuando regresé, sin embargo, vi a un grupo de tres pacificadores herbívoros rondando el lugar. Eran alfas y estaba seguro de que habían sentido el olor del celo.

-¡Otabek! -Saludó uno de ellos acercándose con una sonrisa falsa en el rostro-. Debe ser difícil para ti resistirlo, ¿no? Digo, aún eres algo joven y las hormonas deben dominarte. ¡No diremos nada, te lo prometemos!

No contesté. Solo quería regresar a su lado y darle las benditas pastillas. Él me esperaba. Los pasé de largo y suspiré, no sería como ellos. Ellos eran unos estúpidos alfas que se perderían en sus instintos, pero yo no. Yo sería diferente, yo conservaría mi humanidad.
Al entrar, cerré la puerta con calma acercándome.
Sentía que no debía alterarlo de ninguna forma y cuando llegué a él, lo vi notablemente más tranquilo, con los ojos cerrados y aspirando la tela de mí abrigo.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora