❄59: Apología.

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Recuerdos...




Mientras aguardaba por Yuri sentado en la sala de espera, sentía como si un huracán hubiese invadido mi cabeza, girando y arrancando cada recuerdo feliz, cada momento juntos y cada gramo de confianza que teníamos.

Me recosté en la hilera de asientos de madera esperando por alguna noticia e intentando hallar consuelo a cada pequeño recuerdo doloroso que se filtraba por mi corazón destrozado y se acumulaba dentro de las ruinas que quedaban de éste.

Levanté mi brazo para cubrir mi rostro con mi antebrazo y bloquear la luz del foco. Y es que en realidad ese era mi mundo, nada más que tinieblas.

Por tanto tiempo había sido extremadamente feliz, y en lo que parecían meses todo se había derrumbado.

Traté de distraerme recordando aquellos momentos en que Yuri y yo vivíamos en armonía, repasé las ocasiones en que lo hacia reír en la cama mientras le contaba algún mal chisteo como cuando le preparaba el desayuno y él me agradecía con un beso.

Pensé cuando jugábamos con Misha y cuando veíamos como Yurio y Misha jugaban en el pasto bajo el tibio sol.

Incluso recordé el llanto de nuestro bebé, cuando nuestra mayor preocupación era darle la comida cada dos o tres horas y cambiarle el pañal.

Irónicamente, lejos de alegrarme, recordar esos hermosos momentos me llenó el alma de angustia. Parecía como que mi corazón se encogiese.

Hice una mueca, no estaba funcionando.

Tenía a mi esposo luchando por mantenerse con vida en uno de los cubículos de emergencias y a mi hijo deambulando en alguna parte del bosque y no tenía idea alguna de cómo encontrarlo.

Tal vez Misha regresaría a la mansión y la idea de que Iosif estuviese por ahí no me tranquilizaba en absoluto.

Tal vez nos seguiría, tal vez su olfato e instinto lo guiarían hacia la ciudad y encontraría a Yurio o Nikolai.

Quería ir a buscar a Misha, no estaba tranquilo pensando que mi pequeño solo, con frio y hambre.

Me partía el corazón, pero estaba en un enorme dilema moral. No podía dejar a Yuri, su familia no estaba ahí y sabía que al despertar estaría en un estado lamentable.

Por otro lado, apenas tenía combustible en la camioneta y no lograría llegar muy lejos.

Para variar, los hidrocarburos eran un lujo que en las ciudadelas se limitaba a los pacificadores. Me encontraba entre la espada y la pared. No podía ir en búsqueda de Misha, aún no, debía esperar un poco más; y este pensamiento tampoco me ayudaba a tranquilizarme, poniendo un peso extra en mis hombros. Saldría en búsqueda de él lo más pronto posible, pero no ahora, no cuando Yuri estaba en una sala de emergencias.

Aún no sabía muchas cosas y debía esperar a que Yuri estuviese estable para preguntarlas, y tampoco sabía si él estaba en condición de responder.

Vi un camión cargado de pacificadores estacionar fuera de
emergencias. Eran jóvenes y entre ellos reconocí a Phichit. Al ingresar, designó a sus compañeros a distintos lugares. Cuando el grupo se disipó, él se quedó mirando el tablero con notas que llevaba. Esperaba que no me notase ahora que amanecía y más pacientes llegaban para ser atendidos.

Sin embargo, no conté con que un doctor saldría a llamarme

—¿Familiar de Yuri Katsuki?

—Es Nikiforov... —corregí acercándome. Phichit no disimuló la sorpresa que pasó a algo muy parecido al desagrado—. Estamos casados, soy su esposo.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora