❄36: Un lugar para nosotros.

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Me eché el bolso con los víveres sobre el hombro y levanté a Yuri en brazos para regresar a casa.

Por lo común, él suele quejarse cuando lo levanto en brazos, avergonzarse y pedirme que lo baje, pero esta vez solo se dejó llevar.

Entendí que no podía soportar lo que le sucedía y por dentro estaba derrumbándose. Siempre ha sido así, las cosas le afectan de forma caótica y sus pensamientos lo asfixian con relativa facilidad mientras él se sume en un catastrófico silencio.

Se mantuvo callado durante todo el
camino y al llegar a casa lo llevé a su habitación, dejándolo recostado en el futón.

—Amor —llamé arrastrando mis dedos entre sus cabellos y acomodando las hebras oscuras tras de su oreja. Le retiré los lentes y dejé a un lado—. No te preocupes, estás con tu príncipe.

Asintió con lentitud.

No era suficiente, estaba en un punto
en el que no podía alcanzarle, pero me esforzaría. Mi mano buscó la suya y al alcanzarla la llevé hacia mis labios besando el dedo anular.

—Yuri, tu esposo cuidará de ti.

Recuerda que estamos comprometidos, así que no estás solo. Encontraremos una solución.

Cerró los ojos y levantó las cobijas cubriéndose hasta la nariz.

Afuera, escuchaba a sus padres hablando con Yakov y Lilia.

Al parecer ya estaban al tanto de la situación.

—No lo entiendo —dijo Mari— ¿por qué no les decimos simplemente que ya está comprometido con Viktor?

—Porque si descubren que es un Lobo Siberiano, lo enviarán a la Zona Roja.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó su padre, angustiado.

La preocupación estaba comiéndose a la familia entera, sumiéndolos en la que creían era su peorpesadilla.

Finalmente, la madre de Yuri dijo algo que habíamos querido ignorar por años, que en lo profundo de su ser
buscaba negar.

—Yuri no será feliz mientras viva en esta sociedad y con estas reglas.

Tenía razón.

Lastimosamente la tenía y habíamos intentado ignorar ese detalle por años.

—¿Estás seguro de esto? —preguntó logrando que me perdiera en su pregunta. Me apresuré a devolverle la
mirada.

—¿De qué?

—De nosotros —su voz se perdió en un hilillo, hablándome como si me contase un secreto—. De que quieres ser mi esposo.

—Yuri... —arrastré las letras de su nombre como si estuviera molesto, mas tenía los labios curvos en una
sonrisa—. Quiero ser esa persona que esté contigo siempre, que te apoye y acompañe. Que tenga el privilegio de tenerte a su lado cada mañana y de dormir abrazándote. Si eso no es algo que haga un esposo, entonces no me veas como auno. Veme como a tu Viktor, a tu príncipe felizmente
enamorado de tí.


Al día siguiente, Yuri se presentó a la audiencia que tenía con los pacificadores. Lo acompañé junto a su familia, Yakov y Lilia. Esta vez, prescindí de la caperuza, pero
escondí mi cabello debajo de una ushanka.

La ciudadela había crecido considerablemente en esos años
así que esperaba que no preguntaran sobre mí. De todos modos, Yakov tenía preparada la coartada para decir que yo era un sobreviviente de alguna otra ciudadela o tribu que encontraron en las afueras, cerca del bosque.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora