❄54: Hirari, hirari.

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Recuerdos...




Sujeté la mano de Yuri durante todo el camino de regreso a la ciudad, pensando que la separación vendría y añoraría profundamente esa calidez.

Quería, cuando fuera posible,
atesorar ese pequeño momento. Él miraba por la ventana las enormes y avanzadas construcciones así como la extensión de la Ciudad Central al dejarla atrás.

Cuando llegamos a la mansión Plisetsky, encontramos a Mila jugando con un tigrillo y un lobito en el patio.

Yurio movía la cola de un lado a otro como si fuese una carnada y Misha intentaba atraparle, al no lograrlo se frustraba y gruñía provocando una risa llena de ternura en Mila.

—¡Misha! ¡Mira! ¡Mamá y papá! —señaló al vernos y Misha se giró y corrió hacia nosotros de forma torpe y tierna como los cachorros suelen hacerlo. Una vez frente a mí, se sentó juntando las patitas delanteras y soltó un corto aullido.

Cuando se transformaba, Misha resistía mejor su entorno, pero de todas formas llegaba a cansarse y necesitaba de su oxígeno.

—Te está saludando —reconoció Yuri enternecido antes de levantar a nuestro cachorro. Entre las manos de su madre, Misha retornaba a su forma humana y lo abrazaba—. Misha, amor, di papá. Pa-pá.

Pronunció algo ininteligible, pero entendí que era la forma en la que se dirigía a mí.

Miré a Yuri, se veía tan feliz con Misha, tan realizado como persona, como omega y como madre. En ese momento debí sentir que lo había logrado, que Yuri era feliz y que ese era el fin de nuestro cuento, donde éramos felices para siempre.

La vida es diferente a eso... porque la felicidad eterna no existe y todo se trata de estados que mutan, de momentos que se terminan, de relojes que giran y de tiempo que se acaba.

Maldito tiempo, malditas manecillas que avanzaban... malditos recuerdos hermosos que se sumaban y solo
aumentaban mi amor por Yuri y me hacían aún más consciente de la miseria en la que me sumiría, de las cosas que haría en pos de preservar esa felicidad que no duraría.

Pero en ese tiempo... yo era tonto...

Era tonto, estaba desesperado y enamorado.

Y cuando la estupidez, la desesperación y el amor se mezclan, no se toman las mejores decisiones.

Creo saber de lo que hablo.

—¿Viktor? —llamó Yuri desde la puerta de la casa llevando a Misha—. Amor, ven. Vamos a jugar con Misha.

Asentí.

Solo podía recordar las palabras de Iosif en esa nota.

"Estaré tan cerca de ellos como tú lo estés."

El tiempo pasó entre viajes que realizaba a la Ciudad Central y pocos días que me quedaba en casa.

Nuestra relación se hacía cada vez más y más distante y si bien Yuri se esforzaba por demostrarme más cariño, yo mantenía mi postura de alejarme de él. Pensaba que si lo hacía de a poco él no lo sentiría tanto, pero resultaba algo terrible y doloroso
para ambos.

—A veces siento que solo regresas a casa para ver a Misha, jugar con él y dormir —dijo un día sentado en la mesa frente a mí mientras me apresuraba a comer mi cena—. Viktor... ¿está todo bien?

Lo que él no sabía era que muchas veces yo optaba por quedarme en algún hotel de la Ciudad Central por cuatro o cinco días hasta que llegase la próxima reunión, tiempo que
en otras circunstancias hubiese pasado a su lado, cada segundo.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora