Recuerdos...
Esperé a Yuri fuera de la enorme carpa que de forma provisional funcionaba como escuela. Los educadores y pacificadores que pasaban me miraban extrañados mientras aguardaba a un lado de la entrada, recostado en el piso y
vigilando.
Asistían al menos unos treinta niños, los cuales fueron apiñados en torno a los educadores que optaron, finalmente, por dividirlos en grupos.
Yuri, que era el más pequeñito de todos, fue asignado junto a una niña que luego me diría se llamaba Yuuko y un niño más grande que gustaba de gastarle bromas llamado Nishigori. Si bien él lograba intimidar a Yuri por su gran tamaño, no era una mala persona.
Era consciente de que debía proteger a sus dos compañeros de los otros niños más grandes.
Yuri, por su parte, tendía a buscarme constantemente con la mirada, como si temiera que me fuese.
—Vitya, ven aquí—. Llamó una vez terminadas sus clases.
Se veía feliz y para mí, que Yuri sonría es un elemento indispensable para mi felicidad y tranquilidad.
Hacía que las horas fuera valiesen la pena.
Me presentó a sus amigos, y como era de esperarse mostraron cierto recelo, poniendo en duda mi docilidad.
Y bueno, ellos no sabían que para mí, lo que Yuri dijera era ley.
—Él es mi amigo Vitya.
—Es un lobo —dijo el niño alto.
—No, ¿en serio?
—¿Muerde? —preguntó la niña, temerosa.
Claro que no. Solo gruño, destrozo cabezas, rompo cuellos y arranco brazos y piernas, sin mencionar que expongo las vísceras de mis enemigos frente a sus ojos.
Pero no, no muerdo.
—No, está entrenado. Él es bueno.
Mencionando todo lo anterior, "bueno" no es algo que vaya conmigo. Pero si Yuri lo dice, soy bueno y si no lo soy, me esforzaré para serlo.
—Vitya, sentadito.
Obedecí. Él siempre ha sido la única persona a la que le hago caso incluso si él no es así conmigo.
Con temor evidente, Yuuko aproximó una mano hacia mi costado, pasándola en la dirección del pelo. Una, dos, tres veces hasta que estuvo segura de que no volvería la cabeza
y le arrancaría el brazo como esperaba.
Nishigori fue por mi otro costado e imitó a la niña. Yo quería caricias de Yuri y sabía cómo pedirlas. Agaché
la cabeza hacia su mano, tocando su palma con mi fría nariz. Percibí sus dedos sobre mi cabeza, tras de mis orejas y bajo mi mandíbula. Terminó abrazándome y enterrando su rostro en mi pecho.
—¿Verdad que es lindo? —preguntó a sus amigos.
Ellos asintieron.
En realidad siempre sería así. Yo podía ser muy bueno, lindo, amable y educado si Yuri estaba a mi lado.
Puedo ser la mejor persona si él está ahí. Cuando no, pierdo el sentido de la humanidad y cosas muy malas pueden pasar, más aún si alguien se mete con él.
Me recosté para invitar a Yuri a subirse en mi lomo. Quería llevarlo de regreso a casa como el buen lobo mascota y futuro esposo responsable que era.
A él le gustaba subirse y que lo llevara a paso lento, mientras las personas nos miraban y hablaban sobre lo "inteligente y bien entrenado" que era el "perrito".
