La tormenta de nieve duró tres días. Tres días que pasé encerrado junto a Viktor; pero lejos de lo que pudiese
esperar o temer, esos días fueron interesantes. No, más que eso, fueron intensos, inciertos, inimaginables, increíbles... y eso solamente las palabras con "I".
Contrario a la imagen que tenía de los carnívoros, él era una persona que rompía con mi esquema y prejuicio hacia ellos.
Había pasado tres días a su lado y aún estaba completo, vivo y hasta podría decir que me sentía en casa.
Era muy atento, travieso, cariñoso y sobreprotector. Se negaba a hablar del pasado y constantemente me repetía que tuviese paciencia y confiara en él.
Sin embargo, yo esperaba la mínima señal de cese de la tormenta para salir y sucedió al tercer día. Aunque claro, él ya me había dejado las reglas claras.—No puedes salir solo y mucho menos en la noche, pueden haber cazadores cerca y te destrozarán si no estoy contigo.
No busques alimentos, yo te traeré lo que necesites. Y no tengas miedo, yo voy a cuidarte con mi vida de ser
necesario —repitió esa mañana, no muy convencido de dejarme salir. Se apostó a un lado de la puerta, se veía preocupado— ¿Estás seguro? Ayer la tormenta de nieve
estuvo fuerte.
—Quiero ver la nieve —pedí posando mi mano en la puerta, dejándole en claro que saldría de cualquier modo—. Ahora que no hay tormenta, sería muy divertido jugar en ella.
Suspiró.
—Está bien. Pero primero, ponte algo mío. Podría haber carnívoros cerca y no quiero que te descubran.
Luego de quitarse la bufanda que llevaba la acomodó en mi cuello, envolviéndola y anudándola. Así llevaba su olor y de algún modo disimulaba el mío. Él tenía muchísima ropa y algunas prendas ni siquiera estaban usadas. Casualmente, eran un par de tallas más pequeñas y me quedaban perfectas. Era como si supiera que un día llegaría a vivir con él.
Intenté abrir la puerta, pero estaba congelada y además era muy pesada. Peleé internamente con mi orgullo el cual me decía que podía hacerlo solo y la opción de pedirle a Viktor
que la abriera.
Finalmente, me evitó la petición y vino en mi rescate, sonriéndome y abriendo la puerta finalizando con una reverencia como el galán que era.
El contraste de temperaturas entre la madriguera y el exterior era claro, pero ver la nieve en cierto modo me
animaba. Intenté subir por la escalinata de piedra y resbalé. Él me sujetó y caminó con un brazo sujeto a mi cintura y el otro en mi mano izquierda.
—No te lastimes, Yuri.
—¡Estoy bien! —dije desesperado por lanzarme al colchón de nieve en la última grada.
—Si eres igual de hiperactivo cuando estés embarazado, vamos a tener serios problemas—soltó sonriente,
adivinando mis intenciones y envolviendo mi cintura entre sus brazos cuando llegamos arriba—. Si ahora mismo no te dejo exponerte a riesgos, imagina cómo será cuando
esperemos familia.Un poco frustrado, pensé en darle la contra pero al final opté por caminar a su lado, tomarlo por sorpresa y arrojarme junto a él a la nieve.
—¡Yuri! —exclamó.
—¡Disfruta la nieve! — dije tomando un poco entre mis manos y esparciéndolo en su cabello para luego correr en dirección contraria.
Mientras sonreía y la nieve se derretía sobre su piel cálida, se levantó con increíble agilidad para alcanzarme.
Yo corría de un lado a otro tan rápido como podía y hasta creí encontrar ventaja al encontrar un descenso en el bosque por el cual resbalé.
La nieve se dispersaba a mi paso, volando y formando una estela de luces en el aire que delataban mi
avance.
Finalmente, cubierto en nieve, mojado y con Viktor fuera de mi campo visual, me escondí tras de un árbol.
Le vi llegar hasta un punto cercano y olfatear buscando mi olor, pero éste se confundía entre la nieve, barro e invierno.
