❄32: Por él.

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Recuerdos...

Como el cerdito desobediente que era, Yuri fue al bosque llevándole la contraria a su instinto de preservación y sentido común mientras yo intentaba alcanzarle.

—¡Vitya! —llamó Yakov sorprendido cuando entré a la casa para vestirme

—. ¿Dónde vas? ¡No se te ocurra salir desnudo por ahí!

Como pude, me puse una camiseta y un pantalón. Salí del lugar calzándome los zapatos y saltando sobre un pie.

Ya que había pasado los últimos años en forma de lobo y apenas unas horas al día como humano y solo cuando estaba en presencia de Yakov (a veces ni eso), me costaba recuperar por completo la capacidad y agilidad propia de quienes andan en dos piernas, así que me demoré un poco
más en llegar.

Una vez en el bosque, aspiré en busca del aroma de Yuri.

En la distancia, escuchaba las voces de sus padres y hermana buscándolo, así como otras personas.
Quizás la
zona estaba libre de carnívoros, pero eso no le quitaba el crédito a otros animales que podrían estar alrededor. Avanzaba entre los arbustos y árboles en el bosque guiándome por el aroma de mi adorado Yuri.
Finalmente, lo encontré. Lo malo, también lo había encontrado un oso y ahora corría torpemente para esconderse de él tras de una
roca.

Ay, Yuri... ¿por qué siempre te metes en problemas? En fin, es hora de que el príncipe rescate a su doncel en peligro.

Seguí mi camino y llegué hasta la roca donde Yuri se escondía, hecho bolita en el suelo. Sentí mi corazón contraerse al pensar que esa era su postura frente al mundo cuando yo no estaba: encogerse y esperar por lo peor en caso de no poder escapar.

—Vitya... —susurró apenas, asustado. Me necesitaba.

En una mirada entendí dos cosas:

•La primera, que no bastaría ese encuentro para que me recordara.

•La segunda, estaba tan enamorado de él que me costaba decir algo medianamente inteligente, mucho menos lograría resumir todo lo que había guardado en espera por
él.

—¡Hola! —saludé logrando que apartara las manos de sus oídos y dejara de temblar— ¿Quieres ser mi amigo?

En sus ojos veía que el miedo se transformaba en sorpresa y luego en algo parecido a la alegría. Mi lindo Yuri estaba reconociendo al príncipe con el que había soñado por años
y quien le cantaba canciones mientras dormía.

—Uhm... hola yo...

Aspiré, el oso había llegado. Me retó alzándose sobre sus patas traseras, enseñándome los dientes e intentando imponerse. En segundos, el instinto de depredador me advirtió de un posible ataque y apenas atiné a tomar a Yuri entre mis brazos, alzarlo y saltar unos metros hacia atrás.

—¿Qué dices? ¿Quieres ser mi amigo? —insistí. Me miraba como si entendiera un par de cosas. Quizás no me recordaba, pero su corazón clamaba mi nombre con fuerza.

En mi caso, mi corazón latía entusiasmado y feliz de mostrarme nuevamente a la persona que más amaba en el mundo y ver un amor silencioso en sus preciosos ojos de
otoño. Repentinamente, su expresión cambió de nuevo.

—¡El oso! —exclamó.

Ah, es verdad, estábamos en un bosque siendo atacados por un oso.

Nadie me roba mis segundos con Yuri.

Nadie.

Giré para mirarlo y sostuve la mirada. No me asustaría nunca, un feo oso no era nada para mí y no iba a asustarme. Sus ojos no habían visto lo que los míos y sus garras nunca
podrían igualar la fuerza de mis manos.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora