La impresión reflejada en los ojos de Sala Crispino cuando Iosif la mordió hizo que me llenase de tristeza.
Era la única persona en la que ella había confiado y ahora la traicionaba.
Dolor, abandono, pérdida, tristeza, traición... quisiera decir que la entendía, pero no lo hacía. No sentía que, muy a pesar de todo lo que yo había vivido, podría llegar a comprenderla.
Ella había visto la muerte de sus padres esa noche en la que Viktor y yo nos conocimos. Había cargado con ese sentimiento de odio y rencor desde hacía mucho, cuando yo había optado por soltarlo y dejarlo ir. Para mí, era una carga innecesaria, mientras para ella fue el combustible que movía su vida.
Y ahí estaba, siendo atacada por aquel en quien confió. Apenas podía imaginar el dolor y miedo que eran obvios reflejados en sus ojos. El dolor emocional y la carga que su cuerpo llevaría de ahora en adelante, si es que sobrevivía.
Una cosa era ser abandonado, otra muy diferente era ser traicionado de una manera tan letal por la única persona que considerabas ahora familia. Porque para Sala Crispino su
hermano había pasado a ser un desconocido y toda su lealtad y cariño le pertenecía solo a una persona.
Aquella que yacía sobre ella tratando de arrebatarle la vida. Viktor avanzó unos pasos en calma, deteniéndose a unos metros como si evaluara la situación y entonces se abalanzó sobre Iosif, apartándolo de Sala quien se desangraba a unos pasos de ellos.
Las personas gritaban desesperadas y corrían evitando el centro del salón, acumulándose en la salida. Escuchaba
gritos de órdenes y entonces escuchamos un disparo que impactó en el hombro de losif.
Michele Crispino apareció junto a Emil y Phichit, éste último portando un fusil y apuntando a losif con éste.
—Tu juego ha terminado.
Herido y desesperado, fijó la mirada en mí y fue cuando Viktor me sujetó por los hombros y soltó un gruñido amenazante. Desvió hacia Yurio y Nikolai se interpuso entre ambos apoyando las manos sobre la mesa y rugiendo con tanta fuerza que los cristales de las ventanas vibraron.
—Te has quedado sin salida —anunció Viktor—. ¿Qué vas a hacer ahora? Todo terminó, losif. Tu juego, el dolor que infringiste a otros durante todos estos años y tus mentiras llegaron a su fin.
Rodeado como estaba y sin salida, saltó recibiendo un disparo en la pierna derecha. Emitió un quejido como un animal herido. Tambaleante y desesperado, se apresuró hacia la puerta donde una serie de guardias lo esperaban.
—¡Apártense! —El grito de Phichit alertó a los guardias, sabía que la sangre que había tomado anularía el efecto de la de Lilia y él recuperaría la fuerza necesaria para escapar, y de ser posible atacar a alguien más.
Los guardias obedecieron justo a tiempo. Iosif mutó de nuevo, recuperando sus fuerzas y huyendo con rumbo incierto, adentrándose en la oscuridad de los bosquecillos
que bordeaban las Villas.
Entre los guardias, vi a Michele acercarse seguido de Emil quien al caer en cuenta de la situación, clamó por un equipo de primeros auxilios.
Como primer impulso, Michele se quitó el abrigo y comprimió la herida de su hermana. Había perdido mucha sangre y el dolor, tanto físico como emocional, hacía que las lágrimas cayeran por su rostro.
—¡Sala! ¡No te duermas! —ordenaba su hermano intentando mantenerla alerta. Los guardias ingresaron con
una camilla, listos para transportarla al hospital más cercano.
