Desde el fondo de la cápsula, vi cómo el carnívoro movía la cabeza con lentitud, como si cada músculo en su cuerpo le doliese y la conciencia le pesara. Tenía la mirada determinada y si bien algo en mí me decía que él era muy peligroso, también pude percibir algo de fragilidad en su ser.
Le escuchamos murmurar.
-¿Viktor? -llamó Yuri inclinándose sobre la entrada de la cápsula en un intento de captar su atención.
Estaba cantando algo y al reconocer las notas, se llevó una mano contra el pecho y otra sobre el abdomen. Era una vieja canción de cuna y la cantaba al vacío, pero como si desease que ésta alcanzara a alguien.Viktor arrastró la lírica por unos segundos posando la mirada sobre Yuri, como si necesitara de esos segundos extra para procesar de quién se trataba.
-Está dopado -reconoció Phichit-. Lo usaron en las pruebas y seguramente buscaban tranquilizarlo para llevarle de regreso a la Zona Roja.
-Si ese es el caso, no va a reconocer a...
Antes de que pudiese seguir, Yuri se apartó de la capsula corriendo de vuelta hacia el camión y metiéndose en él de un salto. Escuchamos pasos acercarse a nosotros y no teníamos de otra más que fingir total inocencia.
-¿Qué hacen ustedes aquí? -preguntó una chica morena de ojos violáceos.
La había visto antes; junto a su hermano eran los representantes de mi especie, aunque su hermano llevaba un tiempo como parte del equipo de pacificadores encargados de la Zona Roja.
-Ah, Sala, es bueno verte -dijo Phichit-. Vi que estaban aquí y decidí pasar a ver unos momentos. Me encontré con la cápsula número uno abierta. Debe tener algún defecto en su sistema de seguridad y...
-Qué extraño -pronunció alguien acercándose-. Las cápsulas son nuevas. Yo, personalmente revisé todas y cada una de ellas. En especial, esta -dijo cerrando la compuerta y apretando una serie de códigos.
Era un hombre de mediana edad, cabello negro, piel pálida y ojos verdes como los de Yuri, solo que los suyos eran aterradores, como si tras de ellos se escondieran miles de secretos, miles de vidas. Su mirada persistió sobre Phichit por unos segundos que se hicieron eternos. Él se veía nervioso, casi aterrado.
-Siento que nos hemos visto antes, soldado.
-Es Phichit Chulanont -explicó Sala-. Es uno de los líderes de alto rango entre los pacificadores. Seguramente lo viste en la Zona Roja.
Sonreía.
El hombre sonreía con cinismo, como si tuviese una deuda pendiente con él y no dudara en cobrársela algún día.
-Viktor es un espécimen importante para nosotros - pronunció casi como si cantara. Lento, degustando cada letra. Sentía el veneno en su tono-. Digo, además de Yuri Plisetsky.
Palidecí.
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal haciendo que temblase.
-¿Por qué él? -inquirí sin pensar. La pregunta simplemente había escapado de mis labios a causa del impulso de protegerlo.
La mirada fría del hombre paseó de Phichit a mi persona.
-Su sangre. Viktor usó a un herbívoro para enlazarse y cerrar el ciclo de sangre. Desde el momento en el que probó la sangre, se contaminó y eso dificulta nuestras investigaciones sobre la submutación de su familia.
Teníamos esperanzas en el nieto de Nikolai Plisetsky, que al ser un omega tiene mayores probabilidades de murar; pero según nuestros informantes, fue asesinado por los Tigres Blancos.
