☾17: El tesoro del lobo.

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Cuando escuché lo que Leo dijo, abandoné la cama de un salto para buscar algo medianamente decente entre la ropa que nos habían proporcionado.

Aún me sentía algo mareado y debía esperar a que el supresor hiciera efecto. Si salía, corría el riesgo de que los alfas herbívoros lo sintieran y empezaran a molestar. Eso no me preocupaba, si no el hecho de que mi esposo fuera un carnívoro que ya había demostrado hasta dónde podía llegar si creía que yo estaba en peligro.

Leo se despidió desde la puerta dándole algunas indicaciones a Viktor. Una vez libre, cerró la puerta y se apresuró a servir en un plato un poco del arroz salteado que hacía un rato dejó a la espera de ser comido.

Se sentó a mi lado en la cama mientras amarraba los cordones de mis zapatos.

—Come un poco, Yuri. No comiste nada desde ayer.

—Viktor, no tenemos tiempo.

—No dejaré que mi esposo abandone esta habitación con el estómago vacío —dijo cargando una cuchara con el arroz y acercándola a mis labios.

—Solo tres cucharas.

—Ocho.

—Dos.

—Cinco.

—Hecho —acepté abriendo los labios y recibiendo la primera cucharada.

"¿Qué tal,Yuri? ¿Tu esposo sabe cocinar?"

—¿Está rico, amor?

—Vkusno—pronuncié al terminar de masticar. Ni siquiera sabía por qué lo dije, pero algo como eso provocó que él se quedara mirándome por varios segundos.

Me apresuré a quitarle el plato de las manos.

—No pensarás ir en pijama, ¿no? Vístete.

Salió de su ensimismamiento y buscó algo entre la ropa. Sin pudor alguno, se quitó el pantalón del pijama quedando desnudo y descaradamente se tomó un buen rato para
vestirse, paseándose innecesariamente por la habitación.

—¡Viktor! ¡Ya vístete!

—Yuri enfermo, no me mires —dijo llevando una mano hacia el pecho y tomando una actitud dramática, fingiendo un recato que no tenía.

—¿Por qué querría yo mirarte?

—No lo sé, tú eres el enfermo.

Contesté lanzándole la almohada. Él dejó que ésta golpeara contra su torso, riéndose.

—¡Te dejaré si no te apresuras! —amenacé levantándome y dejando el plato vacío sobre el buró,nñ dirigiéndome a la puerta—. Iré solo y me expondré a muchos feos alfas
herbívoros que sentirán el olor de mi celo y...

En el momento en el que apoyé la mano sobre el pomo de la puerta, él apareció a mi lado, sonriente y elegante como siempre, acomodando su cabello.

—¿Nos vamos, amor?

Cuando llegamos al precario hospital, fuimos recibidos por Otabek y Yurio.

Los ojos verdes de Yurio se veían extraños, era como si hubiese llorado.

—¡Se tardaron demasiado! —gruñó sin mirarnos, entre enfadado y frustrado.

Otabek nos miraba como si pidiera que lo entendiéramos, él tenía una manera de llevar las cosas un poco diferente.

Señaló con la cabeza el fondo del pasillo y avanzó por éste llevándonos hacia la habitación de Pichit.

—No es bueno que los omegas que esperan familia tengan tan mal carácter —soltó Viktor con toda la tranquilidad del mundo, intentando aligerar la pesadez del momento.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora