Recuerdos...
Conforme los días pasaban, era más que claro que Yuri y yo estábamos tan enamorados que no había vuelta atrás.
Lo demostrábamos en pequeños detalles, que luego se acumulaban para describir lo que sentíamos, lo que éramos como pareja.
Cada mañana, me despertaba antes para prepararle el desayuno y lo hacía en el tiempo justo para devolverme a su lado y que me encontrara ahí al abrir los ojos.
—Buenos días, cielo —saludaba sonriente—. Te hice el desayuno.
Siempre he creído que son los pequeños detalles los que aportan una gran felicidad a una relación.
Si quería que Yuri fuese feliz conmigo, debía esforzarme constantemente. Y él lo entendía, nunca se quedaba atrás. Quizás las palabras no eran lo suyo, pero sí que demostraba que me amaba.
—Se ve delicioso —decía observando las manzanas que yo cortaba en forma de conejo, como su madre me enseñó. Las disponía en círculo como si se hallaran en una importante reunión, intercalándolos con gajos de mandarina y al centro arándanos—. Muchas gracias.
Él siempre me daba el primer bocado a probar, luego me permitía observarle embobado mientras comía su desayuno.
Y entonces, tuve una pesadilla.
Quizás la peor.
Soñé que despertaba, como cada día. Buscaba su mano entre las mantas y al encontrarla sentía su piel fría.
Intentaba tomarla y sus dedos no se cerraban contra los míos como era lo acostumbrado.
—Yuri, estás frío, ¿no te cubriste bien? —pregunté girándome hacia él para darle un poco de calor.
Entonces caía en cuenta de algo terrible. Solo tenía el torso de Yuri a mi lado y debajo de las cobijas encontraba la imagen grotesca de su cuerpo destrozado.
—Viktor... ¡Viktor! —llamaba tocando mi hombro y rostro. Al despabilar por completo, encontré su rostro frente a mí, preocupado y asustado. Estreché su cuerpo con dolorosa firmeza, aspirando el dulce y conocido aroma de su cuerpo, impregnándome de su calor y regocijándome con el sabor
de sus labios en el momento en el que pude besarlos en un arrebato exasperado.
—¿Qué sucede? —preguntó preocupado.
¿Cómo le explicaba que lo mío no había sido una pesadilla sino más bien algo que sentía como una posibilidad?
Apesar de que tuviese muy bien controlado al carnívoro dentro de mí, ahí estaba, esperando para liberarse y desatar su caótica tormenta. Y yo lo sabía, sabía que si no mantenía a la bestia con la vista fija en proteger a Yuri, las cosas podían llegar a algo no muy bueno.
—No pasa nada, amor.
—Mentira.
—En serio.
Suspirando, abandoné el futón mientras revolvía mis cabellos y me dirigía al baño mientras él torcía los labios en clara señal de que no me creía.
—Viktor —llamó cuando abría la puerta para salir. Por primera vez, sentí algo parecido al enfado en su voz—. No te besaré hasta que me lo digas.
A través de la historia, he sabido de muchas formas de tortura. Podría citar todas, ponerlas en un orden de acuerdo al dolor y/o daño psicológico que estas producían, acomodarlas según su mortalidad y estoy seguro de que nada de eso me torturaría más que Yuri siendo indiferente y negándome cariño.
