☂74: Luz.

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Creo que ver la fotografía de Mijail hizo que entrara en modo automático.

Escuché los pasos de mi esposo
acercándose y en un automatismo guardé el manojo de objetos que tenía en la mano (entre ellos las fotografías) y puse el libro en su lugar. Di un par de pasos antes de encontrarme con él, casi chocando.

-¿Amor? -llamó en la puerta, divertido- ¿Qué pasa?

-Vamos -dije mostrándome apresurado.

Le alargué su abrigo y corrí hacia Misha para ponerle el suyo. Mis manos temblaban mientras intentaba subir el cierre hasta que finalmente lo logré.

Afuera nos esperaba uno de los automóviles del hospital, el cual a pedido de Minako se hallaba custodiado por guardias. Llegamos en el momento justo en el cual Yurio atravesaba por una contracción y sujetaba con fuerza la mano de su abuelo. Estaba adolorido, pálido y respiraba agitado.

-¡Yuri! -saludó Nikolai al verme cruzando la puerta. Otabek regresó al lado de Yurio sentándose en la silla al
lado de la cama e inclinándose sobre la misma para recostar medio cuerpo en ésta. Susurró algo al oído de Yurio y besó repetidas veces la parte posterior de su cuello, donde apenas
se veía la marca. Tener a su alfa al lado hacía más llevaderas las contracciones.

Recordé el día que tuve a Misha. Dolía mucho, pero solo podía pensar en mi bebé, que quería tenerle conmigo, a
salvo, fuese en mi vientre o en mi regazo. Viktor se veía tan nervioso como impaciente por conocer a nuestro bebé y se negaba a apartarse de mi lado hasta el último momento.

-Tardaste mucho... -me reclamó en un gruñido.

-Yura, apenas estás empezando el trabajo de parto. Sabes que esto va a tardar -contestó Otabek.

Otabek lucía tranquilo e imperturbable, pero sentía que bastaba una mínima dosis de estrés para que se derrumbara. Nikolai se levantó dejándome el paso libre hacia su nieto y salió para saludar a Viktor, que esperaba junto a Misha. Me acerqué a Yurio y pasé mis dedos por sus cabellos, apartándolos de su rostro. Adolorido e impaciente, me miró reclamándome muchas cosas en silencio.

-Es tan doloroso... -confesó.

Otabek se estrechó más contra su espalda. Quería acompañarlo tanto como pudiese.

-¿Cada cuánto vienen? -pregunté refiriéndome a las contracciones.

-Creo que cada veinte minutos. Y duran... unos segundos... -contestó cansado y arrastrando las palabras.

-Aún falta. Estarás listo cuando vengan tres en diez minutos y duren más que solo unos segundos.

-¿Qué?

-El primer parto tarda mucho. Por eso, no te impacientes -me miró enojado. Lo entendía, sabía que era doloroso y difícil. Yurio llevó mi mano hacia su vientre e inhaló profundamente antes de cerrar los ojos con fuerza, apretar la mano de Otabek y aguantar una contracción. Sentí cómo su abdomen se enduraba bajo mis dedos a causa de la musculatura tensa y luego, poco a poco, se relajaba. Al final, el bebé se removió.

-Nuestro bebé patea mucho -le dijo a Otabek.

-Quiere conocer a su mami pronto -contestó besándole en el cuello.

Para nosotros, los besos sobre la marca significaban muchas cosas, así como producían una serie de efectos en nuestro cuerpo. Cuando Viktor besaba mi marca, mi cuerpo se
relajaba y recordaba que tenía un lazo con mi persona amada. En el caso de Yurio, parecía mantener la compostura y no alterarse tanto si tenía a Otabek con él.

HUNTER OMEGAVERSEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora