Keily Andersson, una joven responsable que está a punto de culminar sus estudios en el área de Diseños de Interiores en una Universidad de Mérida, en la cual obtuvo una beca por su buen desempeño. Es una chica de buenos sentimientos y entusiasta que...
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Hola a todas ustedes, el capítulo estádedicadoaPaolaRodriguez715964muchas gracias por estaraquí.
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Keily
Me encuentro en mi departamento, estoy un poco cansada por todas las emociones que he vivido en tan solo un par de horas, suelto un suspiro lento y me acomodo en mi sofá con mis piernas sobre la mesa que se encuentra en el centro.
No dejo de darle vueltas al asunto de Marcelo Sandoval pues, ¿Qué se ha creído el muy tarúpido este? Bueno, la verdad es que se puede creer lo que quiera por que esta como quiere el muy desgraciado, sin embargo, lo que tiene de guapo, lo tiene de idiota.
Aun no entiendo que es lo que me pasa cuando estoy con él, solo he coincidido dos veces con este hombre y me siento tan extraña, confundida y son emociones que para nada son positivas para la salud de mi estómago.
Hoy cuando estuvimos hablando sentí como si un zoológico de animales salvajes estuviera armando fiestas en mi pobre estómago y por eso es que lo quiero estrangular porque me hace sentir cosas que nunca había sentido y que no son nada agradables, cada vez estoy más convencida de que el gran idiota del señor Sandoval quiere sacar lo peor de mi.
Las emociones y sucesos extraños en mi cuerpo se lo atribuyo a todo lo que a pasado entre nosotros y la vergüenza que surge en mi cada vez que lo veo.
Sí, vamos repitelo muchas veceshastaque te lo creas, Keilisita.
No hay otra explicación.
Me levanto de donde estoy con pereza para darme un baño, entro a este me doy una ducha gloriosa y salgo, tomo mi toalla para secarme y me coloco un pantalón holgado color rosa y una blusa de tirantes blanca para luego encender mi televisión y ver una serie en Netflix, estoy disfrutando mi serie a más no poder y es cuando suena el timbre, chillo en forma de frustración y me levanto a abrir la puerta perezosamente, abro esta y mi querida Elena pasa hacia el interior como rayo McQueen y entra a mi casa tirando su bolso exageradamente en mi sofá, se da la vuelta hacia mi y se cruza de brazos mientras dice:
— ¿Se puede saber en dónde diablos te metiste toda la tarde? — Me mira con el ceño bien fruncido. —¿Por qué no contesta tu teléfono?
La miro extrañada.
— Pues si no me llamas no puedo contestar, Elena. – Rueda los ojos y camina hacia mi soltando su amarre de brazos para colocar estas en la cintura en forma de jarra y suelta: