Capítulo 27 ☆

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Marcelo

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Marcelo

Aun me pregunto como demonios permití que esto llegara tan lejos, hace unos días nos dimos cuenta de la situación, estaba siendo vigilado constantemente y resultaba sospechosa tal acción, en realidad eran señales que no estaban claras para nadie, sin embargo, para mi no pasó desapercibido el hormigueo en la nuca cada vez que salía, me sentia observado y así era, por consiguiente,  mis sentidos de alerta se activaron, y ni hablar de los autos negros blindados que recorrían los alrededores de mi casa y los que me seguían a cada momento. 

Hice lo que tenia que hacer para salvaguardar las apariencias de que no estaba enterado de todo esto esperando que el modus operandi de los responsables saliera a la luz, sabía que me seguían y que la vigilancia fue constante hasta el punto de sentirme totalmente fastidiado. Lo que no vi venir, para ser sincero, fue el momento elegido para su acción y que en este asunto se vieran involucradas más personas como Cristian, Elena y ella, la niñita endemoniada.

En el momento que Cristian me dijo que lo acompañara, pensé en negarme y lo hice, sin embargo, terminé accediendo, pero nunca imaginé encontrar el origen de mis tormentos en las últimas semanas, mi amigo idiota  se puso muy intenso y pasó lo que tanto temía, los miserables actuaron cuando tenía personas a mi alrededor.

Tengo deseos de golpearlos a todos hasta que dejen de respirar.

Cuando estaba en el estacionamiento y vi a esa niña que se a convertido en mi tortura interior, quise dar un paso atrás, dar media vuelta y volver por donde vine, sin embargo, no podía ser descortés y sobretodo las ganas de verla  fueron más inmensas todavía, la extrañaba, a pesar de que me había propuesto no verla, no pude aguantar la tentación de acercarme y encontrarme con su mirada. Esa niñita, genera en mi, un maldito conflicto interno que me confunde y con ello viene la desesperación y el cabreo porque nunca había sentido tales cosas.

Siempre hay una primera vez, Marcelini.

Si no fuera porque me encuentro en esta maldita situación con estos hijos de puta le diera un sape a mi cabeza para que mi consciencia aprenda a no llevarme la contraria.

Entonces, no se si alegrarme o no por la situación, Marcelini...

¿Podrías desaparecer aunque sea para siempre?

No seas cabrón...

Lárgate...

Ok, ok.

Al recordar el momento en el estacionamiento cuando los hombres se acercaron pensé que podía controlar la situación, pero al ver a Keily siendo amenazada con un alma en su cabeza sobrepasó todos los límites, no podía poner a la niñita en peligro, jamás me perdonaría que le sucediera algo, es por esa razón que hoy tuve que acudir a mi indiferencia y decirles a estos imbéciles que ella no me importa, que no me interesa su bienestar, necesito ganar tiempo.

Mi PERDICIÓNHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora