Era un día común y corriente. De esos que no prometen nada especial. El cielo gris, el café a medio terminar, y yo frente a la laptop, con auriculares puestos, preparándome para otra sesión de capacitación virtual.
Había empezado hacía poco en un nuevo trabajo como teleoperadora y, debido a la situación del país, todas las capacitaciones eran en línea. Me había acostumbrado a los nombres sin rostros, a las voces sin emoción y a las presentaciones mecánicas. Todo parecía una rutina más.
Pero esa mañana, algo cambió.
Ingresé a la sesión puntual, como siempre. Todo transcurría con normalidad: documentos compartidos, diapositivas eternas, una que otra pregunta obligada. Hasta que, de pronto, mi capacitadora dijo:
—Ahora le damos el pase a Joel, quien les dará una charla importante sobre calidad y atención al cliente.
Y entonces apareció él.
Encendió la cámara.
Fue solo un segundo, pero bastó.
No tengo idea de qué dijo. Su voz llegaba a mis oídos como un eco lejano, difuso, irrelevante. Mis ojos estaban fijos en su rostro. No era como si fuese el hombre más perfecto del mundo. No. Era otra cosa. Algo en su expresión tranquila, en su forma de mirar a la cámara, en esa leve sonrisa que apenas dibujaban sus labios... me atrapó sin permiso.
Me sorprendí a mí misma observándolo como si ya lo conociera.
Y ese secreto, lo guardé.
Ni mis mejores amigas lo sabían.
Ni Karina, que ya se había vuelto una compañera cercana.
Nadie.
Pasaron los días, y llegó la semana de prácticas presenciales en el call center. Sentía una mezcla de nervios y emoción. Me levanté temprano, me arreglé con esmero, preparé todo lo necesario... y, aun así, me perdí de camino.
No conocía bien la zona y terminé llegando tarde.
Después de varios mensajes al grupo de WhatsApp y llamadas apresuradas, nuestra supervisora, Carolina, logró ubicarnos. Me sentí aliviada, aunque un poco avergonzada por ese tropiezo inicial.
Así comenzaron mis primeros días en la empresa. Y con ellos, comenzaron los encuentros más frecuentes con él. Joel. Lo veía de lejos en los pasillos, o en alguna reunión general. Siempre serio, profesional, con ese aire algo distante que lo hacía aún más intrigante.
Yo seguía en silencio.
Guardaba mis sentimientos con cuidado.
No quería que nada —ni nadie— interfiriera en mi desempeño. Había luchado por esa oportunidad y pensaba aprovecharla.
Pero no podía evitarlo: mi corazón latía más rápido cada vez que él aparecía.
Llegó el día decisivo.
El momento en que nos dirían si seríamos contratados oficialmente. El grupo de WhatsApp no dejaba de sonar. Todos estábamos tensos, lanzando mensajes llenos de ansiedad y esperanza.
A las 2:00 p.m., comenzaron a llegar los mensajes.
Uno a uno, mis compañeros iban publicando sus resultados. Yo intenté mantener la calma, aunque revisaba el teléfono cada treinta segundos. Hasta que por fin, mi celular vibró. Un mensaje directo:
"¡Felicitaciones! Has sido seleccionada para continuar con nosotros."
Sonreí, emocionada. No sabía si era por la oportunidad laboral, o porque... eso significaba que lo vería más seguido.
Quizá era ambas cosas.
Al día siguiente...
Mi horario era por la tarde, así que esa mañana me la tomé con calma. Me duché con tranquilidad, preparé mi almuerzo, y empecé a alistar mi cena —porque saldríamos a las 9:00 p.m. y, créanme, el hambre en el transporte público no es buena compañía.
Mientras me arreglaba, recibí mensajes de mis dos mejores amigas: Michel y Pamela.
Desde pequeñas nos llamamos "Las tres mosqueteras", y aunque la vida nos había llevado por caminos distintos, nuestro grupo de WhatsApp seguía tan vivo como siempre.
Chat de WhatsApp: Las tres mosqueteras 🫶
Andy: Chicas, estoy nerviosa y no sé por qué.
Michel: ¿Por qué, amiga? ¿Qué pasa?
Pame: Sorry, estoy en el trabajo. ¿Qué pasó?
Michel: Andy está nerviosa.
Pame: ¿Por qué, amiga?
Andy: Hoy empiezo a trabajar oficialmente. Ya me aceptaron.
Pame: ¡Eso es increíble! ¡Felicitaciones!
Andy: Sí, gracias... pero no sé si estoy nerviosa por el trabajo... o por Joel.
Michel: ¿Joel?
Pame: x2 ¿Quién es Joel?
Andy: Ups... creo que no les conté 😅
Michel: ¡Empieza a contar ya! No aceptamos secretos.
Pame: ¡Te leemos!
Andy: Joel es uno de los capacitadores. El problema es... que me gusta.
Michel: ¿Y eso qué tiene de malo? 👀
Pame: No me digas que otra vez te está dando miedo...
Michel: ¡Oh, cierto! Amiga, ¿no dijiste que ya habías superado eso?
Andy: Lo superé, pero... aún me cuesta.
Michel: Entonces, ¿qué te detiene?
Pame: Mejor conócelo primero... después decides si vale la pena.
Andy: Tienen razón. Hoy será mi primer turno... y lo veré. Lo conoceré mejor... y veré qué pasa.
Al cerrar el chat, respiré hondo.
Me miré al espejo.
Mi reflejo no era el de una niña asustada, sino el de una mujer que empezaba a escribir una nueva historia.
Tal vez laboral.
Tal vez emocional.
O tal vez... ambas.
Lo único que sabía con certeza era que ese día no sería común.
Y que Joel... ya se había instalado en mi mente.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
