Narrado por Andy
Después del susto con Mateo, llegó el lunes. Joel y yo teníamos que volver al trabajo, aunque en mi mente el trabajo ya no era prioridad, sino una duda constante. Por suerte, Leydi y Ely se quedarían en casa, así que, por ese día, Mateo estaría bien cuidado mientras yo resolvía el tema con mi jefe.
—¿Estás lista, amor? —me preguntó Joel mientras nos preparábamos para salir.
—Sí, vamos —respondí, dejando a Mateo abrigadito en los brazos de Ely.
—Chicas, ya nos vamos —dijo Joel.
—Tranquila, Andy, todo va a salir bien —me aseguró Ely, con esa calma que siempre sabe contagiar.
—Sí... eso espero. Les dejo a mi bebé. Me avisan cualquier cosa, por favor.
—No te preocupes. Hoy incluso cocino yo. Quiero preparar algo rico —dijo Leydi, con esa sonrisa que siempre me tranquiliza.
—Perfecto, chicas. Bueno, las dejamos, que se nos hace tarde —agregó Joel.
Salimos rumbo al trabajo, en silencio casi todo el camino. Yo iba pensativa, repasando en mi mente cómo decirle a mi jefe que necesitaba trabajar remoto... o no podría continuar. Sabía que mi decisión ya estaba tomada, pero enfrentarlo era otra cosa.
Al llegar a la oficina, varios compañeros nos recibieron con abrazos. Les conté brevemente lo que había pasado con Mateo, y todos me desearon lo mejor.
Joel se fue a su área, y yo me dirigí a la mía. Vi a mi jefe desde lejos y le pedí un momento para conversar en privado.
—Buenos días, jefe, ¿puedo hablar con usted un momento?
—Claro, Andy. Dime.
—Es sobre mi situación laboral.
—¿Qué ocurre?
—Usted sabe que acabo de tener un bebé. Mateo aún es muy pequeño y necesita muchos cuidados. Hoy lo dejé con mis amigas, pero ellas regresan a su país en dos semanas, y no tengo con quién dejarlo. Quería saber si existe la posibilidad de trabajar de forma remota.
Mi jefe respiró profundo, como buscando palabras que no sonaran duras, pero que fueran claras.
—Andy, entiendo perfectamente tu situación. Sé que eres una excelente trabajadora. Pero lamentablemente, no existe la opción de trabajo remoto en tu área en este momento. Lo siento mucho.
—Bueno... de verdad lo lamento. Pero si esa es la condición, entonces he decidido optar por mi familia.
—¿Joel está de acuerdo con esta decisión?
—Sí. Ya lo hemos conversado. Él me apoya completamente.
—Lo entiendo, Andy. Me duele tener que dejarte ir, pero respeto tu decisión. Y si algún día emprendes algo por tu cuenta... cuenta conmigo para ayudarte.
—¿De verdad? Gracias. ¿Por qué cree que voy a emprender algo?
—Porque te conozco. Tú no eres de las que se quedan con los brazos cruzados.
Sonreí. Esa frase me dio más impulso del que imaginaba.
—Gracias, jefe. ¿Puedo despedirme de mis compañeros?
—Claro, adelante.
Fui primero a la zona de postpago, donde estaban Saúl, Daniela, Diego y Karina. Los abracé a todos con cariño. Me dolía irme, pero sabía que lo hacía por la mejor razón.
Luego regresé a mi área para despedirme de Caro. Ella estaba de espaldas, concentrada en su computadora. Me acerqué y la abracé por detrás.
—¿Qué pasó? —preguntó, sorprendida.
—Me voy. Ya no voy a trabajar.
—¿Por qué?
—No tengo con quién dejar a Mateo. Mis amigas regresan pronto a su país.
—Ah... ¿y ahora con quién está?
—Con ellas. Pero solo por estas semanas.
—Bueno, Andy... tu familia es primero. ¿Y Joel qué dice?
—Yo la apoyo en lo que decida —dijo Joel, que justo se había acercado.
—¡¿Ves por qué siempre aparece cuando te nombro?! —dijo Caro, riendo—. Están conectados, loquitos.
—Bueno, no los distraigo más. Me voy.
—¿No te dieron la opción de remoto? —preguntó Joel.
—No...
—Tranquila. Ya veremos qué haces. Nos vemos en casa, amor.
—Sí. Ahora que no estaré, pórtate bien, ¿ok?
—¿Qué? ¡Si yo siempre me porto bien!
—No te preocupes, Andy. Yo lo voy a vigilar —dijo Caro, bromeando.
—Gracias, amiga. Cuídate.
Joel me dio un beso suave en los labios.
—Te veo en casa, amor.
Al regresar, Mateo estaba llorando desconsoladamente. Me sorprendió, porque con Ely siempre se quedaba tranquilo.
—¿Qué pasó? —pregunté, preocupada.
—No sé. Desde que se despertó hace unos minutos, no para de llorar.
—A ver, dámelo.
En cuanto lo tuve en mis brazos, se calmó al instante. Era como si su cuerpecito supiera que estaba conmigo.
—Ya sé qué tiene...
—¿Qué? —preguntó Ely, confundida.
—Está enfermo todavía. Se siente mal y está engreído. Solo quiere que yo lo cargue.
—¡Ah! Pensé que había hecho algo mal.
—No, amiga. Tranquila.
Ely me miró con ternura.
—Entonces... si estás aquí, eso quiere decir que no te dieron la opción de remoto, ¿verdad?
—No me la dieron.
—¿Y cómo te sientes?
—Tranquila. Elegí lo mejor para mí: mi familia.
—Leydi está en la cocina.
—Ya voy para allá.
Pasó la tarde, y mientras ayudaba a Leydi con la comida, mi mente comenzó a dar vueltas.
¿Qué iba a hacer ahora?
Y de pronto... ¡se me prendió el foco!
—¡Ya sé! —exclamé de repente.
—¿Qué cosa? —preguntó Leydi.
—¡Voy a empezar mi propio negocio de postres! Yo sé hacer postres, me encanta, y todos siempre me dicen que me salen deliciosos. ¡Voy a emprender!
Leydi sonrió y me abrazó.
—¡Sabía que no te ibas a quedar quieta! Vamos a ayudarte.
Me sentí viva de nuevo. Con miedo, sí... pero también con una ilusión nueva.
Una ilusión dulce, como los postres que pronto comenzarían a formar parte de esta nueva etapa.
ESTÁS LEYENDO
Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
