Capítulo 22 - Entre miedos y decisiones

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Narrado por Andy

Hoy el miedo me superó.
Después de ese mensaje que recibí, no pude quedarme tranquila en la empresa. Sentía que me observaban, que alguien respiraba detrás de mí aunque estuviera sola.

Decidí ir personalmente a recoger a Mateo del colegio. El chofer me acompañó, claro, pero ni eso calmaba mis nervios.

Cuando llegué, la profesora llamó a Mateo. En cuanto me vio, corrió hacia mí con esa sonrisa que siempre logra arrancarme una lágrima de amor.

Pero aun así... algo no se sentía bien.

Lo abracé fuerte. Subimos al auto. No dije una palabra durante el camino. Solo miraba por la ventana, esperando ver algo... o a alguien.

Al llegar a casa, me sorprendí: Joel estaba ahí, cocinando.

Papáaa —gritó Mateo, corriendo a sus brazos.

Mi amor —le respondió Joel, besándolo con una ternura desbordada.

Lo observé. Joel es siempre muy amoroso con nuestro hijo, pero esta vez... era diferente. Como si estuviera despidiéndose en secreto. Lo dejó todo por abrazarlo.

Mamá, tengo hambre —dijo Mateo, y Joel le respondió con una sonrisa:

—Ya está listo. Vamos a comer.

Nos sentamos a la mesa. Comimos juntos, como una familia. Joel trataba de actuar normal, pero yo lo conozco. Algo lo tenía inquieto, igual que a mí.

Después de ayudar a Mateo con su tarea, fui a buscar a Joel al cuarto. Estaba en su laptop, pero la cerró en cuanto entré.

¿Podemos hablar? —le pregunté.

Sí. Tenemos que hablar.

Le mostré el mensaje. Se le endureció el rostro al leerlo.

—Hoy tuve mucho miedo, Joel. No puedo seguir así.

Entonces me lo dijo.

—Hoy me vi con Diana.

—¿Qué? —mi reacción fue inmediata.

—Amor, escúchame —dijo rápido, sabiendo que venía una tormenta.

—¿Qué me vas a decir? ¿Que volviste con ella?

—¡No! Al contrario. Fui para decirle que nunca más. Pero también me dijo algo importante... algo que me preocupa: Carlos puso a alguien para seguirte.

Y entonces lo entendí.
Ese sentimiento de estar vigilada... no era paranoia. Era real.

—Hoy lo sentí. En el colegio. Había alguien... no lo vi, pero lo sentí. Joel, tengo miedo.

—¿Y si nos mudamos? —me propuso él—. Vendemos este departamento. Buscamos una casa más grande, segura.

—Pero... este lugar está cerca de todo.

—Sí, pero Carlos lo conoce. Si sabe dónde estamos, puede hacerte daño.

—¿Y Diana?

—Ya no es un problema. Ella se hizo a un lado. Me dijo que se iba lejos, con su familia.

—¿Y le crees?

No respondió. Porque ni él lo sabía con certeza.

Entonces... sonaron nuestros celulares al mismo tiempo.

Joel contestó primero.

¿Aló?

—Joel, ten cuidado —era Diana—. Carlos ya sabe que te conté todo. Me voy con mi familia lejos. Cuídense. No puedo decirte dónde estoy... por seguridad.

—¿Qué piensa hacer Carlos?

—No lo sé. Pero está obsesionado con Andy. Ten cuidado... Adiós, Joel.

Y colgó.

El mío también sonaba.

¿Hola?

—Hola, preciosa —Carlos.

—Déjame en paz.

—No voy a hacerlo. Diana te dijo cosas, ¿y qué? Eso no cambia lo que quiero.

—¡No soy un objeto!

—Hasta que estés conmigo... esto no termina.

Colgó. Respiré hondo, cuando entró otra llamada.

—¿Ahora qué? —contesté con el alma al borde.

—¡Andy! ¡Soy yo! —Alejandra. Su voz me trajo un poco de alivio.

—Ay, perdón... es que no sabes lo que estoy viviendo.

—Sí lo sé. Leydi y Ely me contaron todo. Estoy viajando para allá. Esto se tiene que solucionar.

—Gracias, amiga. Te espero...

Narrado por Mateo

Hoy mi mami vino a buscarme al colegio. Me puso muy feliz. Ella me abrazó muy fuerte, como cuando tengo fiebre.

En el auto no dijo nada. Solo me miraba, y me acariciaba el cabello. Yo solo quería contarle que en el recreo hice un dibujo de mi hermanita en la pancita.

Cuando llegamos, papi estaba cocinando. ¡Él nunca cocina! Pero hoy... sí. Me abrazó como cuando lloro, aunque yo no estaba llorando.

Después de comer y hacer tarea, les dije:

¿Podemos ir al parque?

Mami me miró raro.

—Hoy no, mi amor.

—¿Por qué? ¡Si ya hice todo!

—Es que... es tarde.

—Pero yo quiero correr, jugar... ¡llevar mi pelota!

Mateo, ya dije que no.

Papi también se puso serio.

—Ya iremos otro día, ¿sí?

No entendía nada. Solo sé que no me dejan salir, como antes. Y yo solo quiero jugar...

Narrado por Joel

La discusión con Andy fue inevitable.

—Joel, nuestro hijo no puede vivir con miedo. No puede crecer así, encerrado, sin parque, sin calle.

—Andy, ¡estoy tratando de protegerlos! ¿No lo entiendes?

—Lo entiendo. Pero proteger también es enseñar a vivir sin miedo. No quiero que Mateo empiece a temer al mundo.

—¿Y si algo les pasa? ¿Y si ese loco aparece de la nada?

—¡Entonces lo enfrentaremos juntos! Pero no podemos dejar que Carlos nos quite la vida también.

Sus palabras me sacudieron. Tenía razón. El miedo no nos puede encerrar. Pero no podía evitarlo... el miedo a perderlos me estaba consumiendo.

Nos miramos un rato sin hablar. Ambos teníamos razón... y ambos estábamos rotos.

La llegada de Alejandra podía cambiar muchas cosas. O al menos... desatar aún más drama.








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