Capítulo 47 - ¿Stripper, dijiste?

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Narra Joel

Estábamos conversando tranquilos en la sala con Leidy, mientras Emilia dormía en su cochecito.

—¿Y cómo han estado? —pregunté, acomodándome en el sofá.

—Bien, todo bien... ¿y ustedes? —respondió Leidy con su tono siempre calmado.

—También... aunque algunas cosas han cambiado —dije, mirando hacia la ventana.

Ella me miró como quien sabe a lo que te refieres.

—¿Es por tu familia?

Asentí con la cabeza.

—Sí... me molesta que mi mamá no me entienda. Siento que siempre está juzgando, que no le parece nada de lo que hago... y eso me duele, más de lo que digo.

Leidy suspiró y bajó la voz.

—Te voy a confesar algo... La primera vez que vinimos, noté que tu mamá no era sincera contigo. No dije nada porque no quería incomodar, ni a ti ni a Andy.

—Ya no importa —respondí—. Solo quiero estar con mi familia, con los que de verdad suman.

Leidy asintió y justo entonces Emilia empezó a llorar.

—¿Qué pasa, mi amor? —dije alzándola con cuidado—. Seguro tiene hambre.

—Sí, puede ser —dijo Leidy—. Llévala con Andy.

Me levanté y fui rumbo a la habitación. Cuando estaba por entrar, escuché la voz de Ely. Mi curiosidad me ganó. No iba a espiar... pero la puerta estaba entreabierta. Fue entonces cuando oí algo que me revolvió el estómago.

Ely: "...de verdad no le digas a Leidy, pero también te estamos organizando tu despedida de soltera."

Andy: "Ay no, eso sí me da miedo."

Ely: "Mientras no se entere Leidy, todo bien."

Andy: "Mientras no me pongas stripper, normal."

No me contuve. Entré.

—¿¡Cómo!?

Narra Andy

Estábamos conversando súper tranquilas con Ely sobre la despedida de soltera. Yo le había dejado claro que no quería nada loco... Y en eso, entra Joel con Emilia en brazos y cara de querer incendiar todo.

—¿¡Cómo!? —dijo con tono serio.

—Amor, ¿qué tienes? —le pregunté confundida.

—¿Cómo que "stripper"?

—A ver, cálmate...

—¡No me pidas que me calme por algo que no me parece!

—Primero... ¿qué haces escuchando conversaciones ajenas?

—No estaba escuchando nada. Venía por Emilia, tiene hambre... y por casualidad escuché.

Suspiré, tomé a mi bebé y con voz tranquila le dije:

—Dámela a mí, mi amor... Ahora, te aclaro algo: yo misma le dije a Ely que NO quiero strippers.

Ely, que ya venía con tono defensivo, saltó:

—A ver, te calmas, Joel. Que tus gritos van a despertar a mis niños. Y segundo, lo que vamos a hacer es una fiesta tranquila.

—Discúlpame —dijo Joel, más bajo pero todavía tenso—, pero no sé...

—Amor —intervine—, tú sabes bien que a mí no me gustan esas cosas. No es mi estilo. Confía.

Joel bajó la mirada.

—No sé... estoy muy molesto ahorita.

—Mejor vámonos a casa. Te relajas y conversamos más tranquilos.

—Sí, vamos.

Salió sin decir más, fue a buscar a Mateo.

Me quedé un segundo en silencio, hasta que Ely rompió la tensión con una mueca de risa.

—Amiga, ya pues... ¡convencelo!

—¿¿De qué?? —le pregunté.

—¡De que sí habrá stripper!

Justo en ese momento entra Leidy.

—Eso sí que no, Ely —dijo cruzándose de brazos.

—¿Qué cosa? —preguntó Ely.

—Vengo de hablar con Joel. No estoy de acuerdo con lo de los strippers. Ni en broma.

Se giró hacia mí con cara seria.

—Y me imagino que tú tampoco, ¿verdad?

Y como si fuera una coreografía mal ensayada, Joel apareció desde el pasillo diciendo:

—¡Más le vale que diga que no!

Suspiré profundamente. Estaban todos contra Ely y yo solo quería terminar esa conversación.

—¿Me dejan terminar?

—Termina —dijeron al unísono: Ely, Leidy y Joel.

—Como decía: te doy total libertad, Ely, para organizar la fiesta. Pero sin stripper. Porque yo no quiero esas cosas, ni en chiste.

Ely levantó las manos en señal de rendición.

—Está bien, está bien... ¡fiesta de monjas será!

Narra Joel

El camino a casa fue en silencio.

Mateo dormía con la cabeza en mi hombro. Emilia estaba casi rendida en los brazos de Andy.

Yo seguía tenso. No por la despedida en sí, sino por cómo me sentí al escuchar esa parte de la conversación. No me gusta que algo así me saque de control, pero también soy humano.

—Andy —dije sin mirarla.

—Dime.

—En casa hablamos.

—Está bien.

Y aunque el ambiente estaba frío, yo sabía que era solo una tormenta pequeña en medio de todo lo grande que estábamos construyendo.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora