Capítulo 10 - Volver a mí

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Mi mente y mi corazón pedían silencio.

Así que decidí darme algo que no siempre me permitía:
un día solo para mí.

Mario y yo seguíamos sin hablarnos.
Desde aquella discusión, nuestras palabras se habían convertido en miradas frías en los pasillos del trabajo.
Su actitud posesiva me dejó con un nudo en el pecho.
Y lo último que necesitaba... era más control.

Ese domingo, sin avisar a nadie, hice una maleta ligera, me puse los audífonos, llené una botella de agua y salí rumbo a mi lugar favorito: la playa.

Estaba a dos horas de camino.
Perfecto.
El viaje me daría tiempo para pensar.

Puse mi música favorita.
Las voces de Joaquín Bondoni y Emilio Osorio llenaron el auto.
Tienen algo en la voz que me da paz.
Soñaba con que regresaran a Perú.
A Joaquín ya lo conocí...
Solo me falta Emilio.

Estaba en ese trance de calma cuando mi celular vibró.

📱
MARIO:
—Andy, ¿dónde estás? Tenemos que hablar.

ANDY:
—Me estoy yendo a la playa.

MARIO:
—😱 ¿¡En invierno!? ¿Y sola?

ANDY:
—Sí, sola. Necesito un día para mí.

MARIO:
—Asu... me hubieras dicho. Estoy yendo a tu casa.
¿Dónde estás exactamente? Te alcanzo.

ANDY:
—Mario, creo que no me entendiste.
NECESITO UN DÍA PARA MÍ.

MARIO:
—Sí entendí. Solo digo que yo podría estar contigo.

ANDY:
—Mario... quiero estar sola. Solo eso.

MARIO:
—Ok. Ya entendí.
Solo te digo: no te quejes después.

ANDY:
—¿A qué te refieres?

MARIO:
—Solo te digo.

ANDY:
—Cuando te pones en ese plan... es mejor no hacerte caso.

Dejé el celular a un lado.
No iba a permitir que su actitud arruinara el día que tanto necesitaba.

Llegué a la playa.

El aire salado me recibió como una vieja amiga.
Hacía más de dos años que no venía... desde antes de la pandemia.
Había olvidado cuánto necesitaba ese lugar.

Me recosté en la arena, cerré los ojos y dejé que el sol y el viento me limpiaran el alma.
Por fin... silencio.

Después de un rato, caminé hacia la orilla.
El agua helada del mar tocó mis pies y fue como si despertara de un largo sueño.
Sentí libertad. Sentí calma. Sentí que volvía a mí.

Pensé en todo.
En Mario. En lo que he tolerado.
En lo que ya no pienso permitir.

Estuve horas ahí. Sin hablar. Sin pensar tanto.
Solo respirando.
Solo viviendo.

🌇 Al atardecer, regresé a casa.

Apenas llegué, sonó el celular.

📱
MARIO:
—Andy, ¿ya llegaste?

ANDY:
—Sí, ya estoy en casa.

MARIO:
—Ok... ya me quedo tranquilo.

ANDY:
—Gracias por tu preocupación.

MARIO:
—Me preocupo porque te quiero.
Bueno... bye.

ANDY:
—Ok. Bye.

Fue raro.
Mario se mostró frío, distante.
Como si quisiera hablar... pero no supiera cómo.
Como si ya se estuviera alejando, pero no quisiera admitirlo.

Quizá mañana podamos hablar.
Quizá no.

Porque mañana... no es un día cualquiera.

Mañana empiezo como formadora.
Mañana empieza una nueva etapa.
Mañana... empiezo de nuevo.

🌅 Y quizás también, mañana empiece una nueva versión de mí.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora