Andy
Hoy es 5 de diciembre. Mateo cumple cuatro años.
No puedo creer que haya pasado tanto tiempo desde que lo tuve en mis brazos por primera vez... y al mismo tiempo, parece que fue ayer.
Joel quiso organizarle su primera gran fiesta. Y no lo culpo. Mateo no tuvo celebración ni a los uno ni a los tres, y eso siempre quedó pendiente. La verdad, yo no soy muy fan de hacer fiestas; me parece un gasto tremendo para algo que dura unas horas. Pero esta vez... me callé la boca.
—"Yo me encargo", dijo Joel.
Y yo, como buena cómplice, solo respondí:
—"Ya, yo decoro."
Mentira. No tenía ni idea qué iba a hacer. Pero por amor a ellos dos... todo vale.
La temática fue clara desde el primer momento: Doki, ese perrito blanco de oreja negra que Mateo adora desde que tiene memoria. Desde que lo vio en dibujos animados, se volvió su héroe. Y ahora, también es el nombre de su perrito real.
Después de la fiesta, Mateo terminó con una montaña de regalos. Mi niño siempre ha sido consentido —por nosotros, por mi familia, y también por la de Joel. Era el único nieto... bueno, era. Porque hace poco, Melissa —mi cuñada— tuvo una hermosa bebé. ¡Mateo ya tiene una primita!
Aunque nadie lo supo ese día, la fiesta fue cosa de Joel. Pero yo tenía mi propio regalo especial... uno que venía planeando desde hace semanas. Uno que cambiaría nuestras Navidades por completo.
Joel
Mateo no paraba de correr. Entre los juegos, los dulces y la emoción, parecía un torbellino de felicidad. Y ver a Andy sonreír así, aunque cansada, fue el mejor premio.
Melissa llegó con su bebé en brazos, y mi mamá no se despegó de ella ni un segundo. No lo digo por mal... pero la atención fue claramente hacia su nueva nieta. Andy me lanzó unas miradas de esas que no necesitas traducir.
—"¿Te parece o eso son celos?" —le susurré.
—"No te pareció." —me respondió seria, pero con esa sonrisita suya que me mata.
Más tarde, Andy se acercó a Mateo y le preguntó:
—"¿Te gustó tu fiesta, mi amor?"
—"¡Sí, mami, sí me gustó!"
—"Entonces anda, dale las gracias a tu papá."
Mateo corrió hacia mí, me abrazó con fuerza y dijo:
—"¡Gracias, papi!"
—"De nada, mi amor. Todo fue para ti."
Y justo cuando pensaba que la emoción había terminado, Andy dejó caer su bomba.
—"Pero falta mi regalo..."
—"¿Qué es, mami?" —preguntó Mateo.
—"Tú extrañas mucho a alguien, ¿no?"
Mateo asintió con carita triste.
—"Sí... a mi madrina Ely. Y a Leydi."
—"¿Y si les digo que nos vamos de viaje para allá?"
—"¿¡De verdad!?" —gritó Mateo, saltando de emoción.
Yo me quedé en shock.
—"¿Amor... en serio?"
—"Sí. Tú estás por salir de vacaciones, Mateo ya terminó la guardería, y ya hablé con Michel para que se encargue de la empresa mientras estamos fuera. Además, Fabi se quedará con Doki."
—"Pero... ¿Doki no va con nosotros?" —preguntó Mateo, bajando los hombros.
Andy se agachó para explicarle:
—"Mi amor, Doki no puede viajar en avión. Pero la tía Fabi lo va a cuidar como si fuera suyo. Y claro que podrás llamarla para ver cómo está tu perrito."
Mateo abrazó a Doki con fuerza y dijo:
—"Está bien... pero lo voy a extrañar."
—"Y él a ti, mi amor." —le dije yo.
Mateo se fue a su cuarto, llevando a Doki como si se despidiera de su mejor amigo. Y yo abracé a Andy por la espalda, sintiendo cómo el corazón me explotaba de agradecimiento.
—"¿Así que... nos vamos a España?"
—"Sí. Extraño a mis amigas, y creo que merecemos una Navidad diferente."
—"Entonces hay que avisarle a mi mamá que no estaremos."
—"¿Crees que lo note? Está en modo abuela full time con la bebé de Melissa."
—"¿Eso fue sarcasmo... o celos otra vez?" —le dije, riendo.
—"Esta vez fue puro sarcasmo."
—"Tendré que empezar a preparar los papeles..."
Andy me interrumpió mordiéndose los labios:
—"No te enojes... pero ya te saqué cita para renovar el pasaporte. Y la visa. Y sí, llevas los papeles listos."
—"Andrea..." —suspiré.
—"¿Me odias?"
—"No te quiero... te amo."
La abracé. Y justo en ese momento... la sentí temblar un poco.
—"¿Estás bien?" —pregunté, sin soltarla.
—"Sí, amor. Solo me mareé un poco. No es nada."
Pero yo la conozco. Esa forma de bajarse la mirada, de quitarle peso a algo que sí lo tiene... me dejó preocupado. Aunque no insistí. No en ese momento.
Porque si es lo que yo creo...
no solo viajaremos con maletas esta vez.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
