Andy
Por fin había llegado el día.
Después de semanas de elegir muebles, pintar paredes, doblar ropita y soñar con cada rincón... hoy nos mudábamos a nuestra casa. A nuestro primer hogar.
Pero justo esa mañana, mi cuerpo decidió colapsar.
Las náuseas eran intensas, me sentía débil y sensible. La doctora ya me había advertido: "Habrá días en los que solo quieras quedarte quieta. Escucha a tu cuerpo."
Y vaya si hablaba fuerte ese día.
Joel
La vi sentada en la cama, con los ojos nublados y la cara pálida. La mudanza era hoy, pero ella apenas podía mantenerse en pie. Me acerqué con cuidado.
—Amor, ¿no te sientes bien?
Ella negó con la cabeza, con una voz tan bajita que apenas la escuché:
—No... tengo muchas náuseas. No quiero hacer nada.
—Está bien, mi amor. Yo me encargo de todo, ¿ya empacaste todo, verdad?
—Sí, ya todo está listo —susurró.
—Entonces tú solo descansa. No te preocupes por nada, ¿sí?
Me miró con ojos brillosos y de pronto... rompió en llanto. No un llanto dramático. Era un desborde silencioso, tierno. Me acerqué de inmediato.
—Gracias... mi amor —dijo, temblando.
—¿Por qué lloras? —le pregunté con el corazón apretado.
—No sé... solo me dieron ganas. ¿Me abrazas?
La abracé con fuerza, sintiendo su temblor calmarse poco a poco contra mi pecho.
—Claro que sí, amor. Te amo... los amo mucho.
—Nosotros también te amamos —me respondió, quedándose recostada, tibia, en mi abrazo.
Andy
Me sentía pequeña. Vulnerable. Pero segura.
Entre sus brazos, el ruido del mundo se apagó. Y sin darme cuenta... me quedé dormida.
Joel
Cuando la sentí profundamente dormida, supe lo que tenía que hacer.
Cargué las maletas, las cajas, las bolsas. Fui y vine del camión sin hacer ruido, sin prisas. Me movía con una mezcla de responsabilidad y ternura.
Y cuando todo estuvo listo, la cargué a ella.
Como si llevara en brazos mi bien más preciado.
No quise despertarla. Quería que llegara descansada. Que abriera los ojos ya en nuestro nuevo mundo.
🏠 Llegando a casa
Andy
Sentí el sol sobre mi cara. El aire olía distinto.
Abrí los ojos con lentitud, aún algo desorientada. Pero la primera imagen que vi fue su rostro.
—Buenos días, dormilona —me dijo, acariciándome el cabello.
—¿Dónde estamos? —pregunté, aún entre sueños.
—En casa, amor... en nuestra casa.
—¿Por qué no me despertaste antes?
—No quise molestarte. Estabas descansando, y lo necesitabas.
Miré a mi alrededor. Todo estaba en su lugar. Las cortinas puestas. El sofá armado. Nuestra cama en su sitio.
Me quedé en silencio unos segundos, respirando.
—¿Ya está todo listo? —pregunté.
—Sí, no falta nada.
—¿Qué he hecho para merecer a alguien como tú? —dije, sintiendo que otra vez los ojos se me llenaban de lágrimas—. Estás a mi lado en todo. Eres tan bueno conmigo...
Joel
Le tomé la mano con suavidad. Me conmovía verla así. Aún con su fragilidad, irradiaba una fuerza que no sabía que necesitaba.
—Amor... ahora no puedes hacer mucho por el BB, pero cuando nuestro amorcito esté en casa, ya verás cómo lo llenamos todo de risas y vida.
Me miró a los ojos con esa profundidad suya, esa que te atraviesa el alma.
—¿Te he dicho que te amo?
—No me lo has dicho todavía hoy —le dije, sonriendo.
—Te amo. Te amo mucho.
—Y yo a ti... Tanto, que si no fuera porque llevas a mi amor chiquito dentro... te llevaría directo a la habitación y te haría mía.
Andy
Solté una carcajada.
—Te recuerdo que ya soy tuya. Así como tú eres mío.
—Sí, amor. Soy todo tuyo —me respondió, acercándose para besarme.
El beso fue suave al principio...
Pero pronto se volvió más profundo, más urgente. Como si nuestras almas reconocieran que este momento también era sagrado.
Nos costó detenernos. Porque el deseo seguía allí, vivo.
Pero también la ternura, el respeto, la conexión que habíamos construido.
Nos reímos.
Nos abrazamos.
Y en ese abrazo, nuestra nueva casa comenzó a latir con nosotros.
A lo lejos, el eco de los muebles y las cajas era testigo silencioso de una historia que apenas comenzaba.
Andy había encontrado el amor.
No solo en Joel, sino en un hogar lleno de intención, en una familia que crece, en una vida construida día a día con respeto, humor, paciencia y ternura.
Y ahora, solo quedaba esperar...
Al pequeño milagro que llegaría pronto a completar el cuadro de su vida.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
