Capítulo 51 - Lo importante

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Narrado por Andy y Joel

ANDY

Apenas llegamos a Lima, fuimos directo al hospital. No nos importó cargar con maletas, ni el cansancio del vuelo; la preocupación por Mateo era lo único que sentíamos. Desde que notamos la fiebre en el avión, no pude dejar de imaginar lo peor.

Registramos al bebé rápidamente. Nos dijeron que solo uno de nosotros podía entrar con él a la sala de evaluación. Yo estaba tan nerviosa que apenas podía respirar.

—Ve tú, amor. Estás más calmado —le dije a Joel con la voz temblorosa.

—Está bien, pero por favor, trata de estar tranquila —me respondió, tomando a Mateo con firmeza y cariño.

—Sí... lo intentaré —le aseguré, aunque sabía que no sería fácil.

Ely y Leydi se sentaron conmigo.

—Nosotras te vamos a tranquilizar, ¿sí? —dijo Ely, tomándome de la mano.

Asentí. No podía hablar mucho más. Las horas pasaron lentas... tan lentas que el tiempo se volvió borroso. Solo sentía un nudo en el estómago, el corazón atrapado entre el miedo y la esperanza.

Hasta que, por fin, vi a Joel salir con Mateo en brazos. Mi bebé tenía los ojos alegres y, al verme, estiró sus bracitos hacia mí.

Corrí hacia ellos y lo tomé entre mis brazos, llorando sin poder contenerme.

—Mi amor... qué susto me diste —le susurré, abrazándolo con el alma.

—Tranquila, Andy —dijo Joel con voz suave—. Solo fue un virus viral.

—¿Cómo que un virus? —le pregunté, aún confundida y preocupada.

—En la selva hay mucha contaminación. Al ser tan chiquito, su sistema inmune todavía es débil. Pero no pasó a mayores, gracias a Dios.

—¿Y necesita tratamiento?

—Sí, le van a dar unas vitaminas y refuerzos. Solo hay que seguir sus controles, pero está fuera de peligro.

Respiré profundo. Me sentí tan aliviada que las lágrimas seguían bajando sin control. Estaba feliz, sí, pero también asustada, agotada, abrumada.

JOEL

Fuimos directo al departamento. Apenas entramos, acostamos a Mateo. Se quedó dormido al instante, como si todo el estrés se hubiera ido con el primer suspiro.

Ely y Leydi se fueron a su habitación. Andy y yo entramos a la nuestra.

Apenas cerró la puerta, se quebró.

Lloró desconsoladamente. No dije nada. Solo la abracé.

—Casi pierdo a mi bebé por esta aventura... —dijo entre sollozos.

—Amor, no llores. No sabíamos que esto podía pasar.

—Yo debí estar más atenta. Fue mi culpa...

—No. Fue de los dos. La responsabilidad es compartida. No te culpes sola.

—No me lo hubiera perdonado si algo le pasaba.

—Pero no le pasó. Mateo está bien. Lo peor ya pasó.

Hizo silencio. Luego, me soltó una pregunta que no vi venir:

—¿Si a Mateo le hubiera pasado algo... me hubieras dejado?

La miré sorprendido. Y sin pensarlo dos veces, le respondí:

—¿Qué? No, Andy. Te amo. Amo a mi hijo, sí, pero también te amo a ti. No me pienso alejar de ninguno de los dos por nada del mundo. La única forma en la que yo me aleje de ustedes... es muerto. ¿Entiendes?

Ella no dijo nada. Pero sentí cómo sus barreras se desarmaban. Mis palabras la abrazaron tanto como mis brazos.

—Perdón. Es que... esa idea se me cruzó por la cabeza.

—Pues que sea la primera y última vez que piensas algo así. Te amo. Los amo.

—Ok, amor. Gracias.

—Ya. Vamos a descansar, que no hemos dormido nada desde anoche.

—¿Y qué vamos a cenar?

—Voy a pedir delivery.

—¿Pedimos pollo a la brasa? Leydi aún no lo ha probado.

—¿Ah, no? ¿Tú qué crees que quiero?

—Amor...

—¿Qué vas a pedirme? —le dije, sonriendo.

—¿Por qué crees que te voy a pedir algo?

—Porque usas esa voz dulce, como si no fuera obvio.

—Jajaja, ya no diré nada entonces...

—Ya, dime. ¿Qué quieres?

—Ok... ¿te acuerdas que estábamos viendo la posibilidad de adoptar un perrito para Mateo?

—Sí, claro. ¿Por?

—Una amiga del grupo está dando en adopción uno. Me mandó una foto. ¿Quieres verla?

Me la mostró.

—¡Está hermoso! —respondí, emocionado.

—¿Verdad que sí?

—Vamos a esperar que Mateo se recupere, y lo traemos.

—Ok, amor.

ANDY

Nos acostamos juntos en la cama, con Mateo durmiendo en medio de nosotros, como si todo lo vivido hubiera sido solo una pesadilla lejana. Lo miré mientras respiraba tranquilo, y sentí que mi pecho se llenaba de una paz nueva.

Estábamos juntos. Estábamos bien.

Y eso era suficiente para comenzar de nuev

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora