Capítulo 29 - Palabras que duelen, pasos que asustan

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Narra Joel

Después de un día eterno en el trabajo, manejaba hacia casa con la cabeza a mil. Necesitaba hablar con Andy. No puedo permitir que Mateo empiece a mentir, y mucho menos que Andy lo respalde sin cuestionarlo. Amo a mi familia, pero siento que estamos perdiendo el rumbo con la crianza de nuestro hijo.

Al llegar, vi a Andy en la mesa, revisando papeles y la laptop. Mateo corrió a abrazarme como siempre, pero yo... le devolví el saludo de forma algo fría. Todavía tenía esa molestia atravesada.

Hola amor —me dijo Andy.

Hola. Podemos hablar un momento —le respondí con seriedad.

—Claro, dime qué pasa.

—¿Por qué apañas a Mateo cuando miente?

Me miró como si no entendiera lo que acababa de decir.

—¿Qué? ¡Oye! Mateo no es de mentir.

—Lo sé... pero ayer mintió. Dijo que mi mamá le pegó, y eso no fue así.

—¿Y qué te dijo tu mamá exactamente?

—Que no le pegó, que solo los separó porque se estaban peleando.

Andy me miró con los ojos entrecerrados, su voz se tensó.

—¿Desde cuándo Mateo se pelea con otros niños?

—No sé, pero...

—¿Tú crees que si él estuviera mintiendo yo me quedaría callada? ¡Lo vi, Joel! ¡Yo estuve ahí!

—Es que tú lo consientes mucho...

—¡Consentir no es malcriar! Y tú... ¿prefieres creerle a tu madre antes que a tu hijo?

No supe qué responder. Me quedé en silencio. Y entonces Andy me lanzó una verdad que me golpeó el pecho.

—¿Sabes por qué discutí con tu madre ese día? Porque yo vi cómo le levantó la mano a nuestro hijo. No me lo contaron. ¡Yo lo vi!

—¿Y por qué no me lo dijiste antes?

—Porque pensé que la palabra de tu hijo tendría valor para ti. Pero ya veo que no.

Intenté detenerla. Me dolía verla así.

—Andy, no digas eso...

—¿Sabes qué? No voy a discutir más. Estoy de acuerdo contigo en algo: sí, Mateo necesita límites, está creciendo, debe asumir responsabilidades. Pero mi hijo no es mentiroso.

Me dolió. Mucho. Porque tenía razón.

Narra Mateo

Estaba en mi cuarto jugando con Doki cuando empecé a escuchar los gritos. No entendía bien todo, pero escuché mi nombre. Muchas veces.

"Mateo miente", "lo consientes mucho", "tu mamá le pegó"... cosas así.

Me acerqué a la puerta, y los escuché discutir fuerte. Escuché a papá decir que no me creía. Y a mamá llorar. Sentí un nudo en la garganta. No quería que pelearan por mi culpa.

Pensé que... tal vez si me iba por un rato, dejarían de pelear.

Abrí la puerta principal despacito. Doki me siguió. Cerré la puerta sin hacer ruido y me fui por la calle del frente. No sabía a dónde ir, solo quería alejarme un poquito.

Pero cuando vi que ya estaba lejos de la casa, me dio miedo. Todo era oscuro. Doki iba conmigo, pero mis manos temblaban. No sabía si estaba haciendo bien o mal.

Me senté en la vereda, detrás de un árbol, abrazando a Doki.

—Doki... ¿mis papás ya no me quieren?

Narra Andy

Fui al cuarto a llamar a Mateo para cenar. Toqué la puerta, la abrí... y no estaba. Pensé que estaría en el baño o jugando en algún rincón. Lo busqué por toda la casa.

Mateo, amor, vamos a comer... —nada.

Fui a la sala. Vi la puerta principal abierta. El corazón me dio un vuelco.

¡Joel! ¡Joel!

Él vino corriendo desde la cocina.

—¿Qué pasa?

¡Mateo no está!

—¿Cómo que no está?

¡No está en su cuarto! ¡Y la puerta está abierta!

Nos miramos. Sentí cómo me faltaba el aire.

—¡Se salió! ¡Seguro nos escuchó discutir y se fue!

—Andy, cálmate...

—¡Joel, si a mi hijo le pasa algo, no te lo voy a perdonar jamás!

—¡No digas eso! Vamos a buscarlo.

—¡Te lo juro, Joel, si algo le sucede, me voy con mis hijos y no vuelvo más!

—¡Andy, deja de decir tonterías!

—¡No son tonterías! ¡Es mi hijo!

Y salimos corriendo, gritando su nombre por las calles, con el alma en la garganta.

¡Mateo! ¡Mateo!

La noche parecía más oscura que nunca.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora