Narrado por Andy
Después de la tensión entre Ely y Leidy, yo también tenía una tormenta silenciosa dentro de mí. Una duda constante me daba vueltas en la cabeza: ¿estoy embarazada otra vez? Mateo últimamente no se me despegaba... ni siquiera dejaba que Joel me abrazara.
Íbamos en la parte trasera del auto cuando Joel, con ternura, intentó rodearme la cintura con el brazo.
—Amor, ven —me dijo con su voz calmada.
Me acerqué y me acomodé en su pecho.
—¿Qué pasó? —le susurré.
Pero antes de que pudiera decir algo más, la voz de Mateo cortó el momento.
—¡No! ¡Es mi mamá! —dijo, con cara de enojo, apartando a Joel.
—Mateo, ¿ qué tienes? —le pregunté, intentando entenderlo.
—Está celoso —intervino Ely con media sonrisa.
—¿Por qué será? —bromeó Leidy.
—Está así desde la mañana —añadió Joel, suspirando.
—No sé qué te pasa, pero ya bájale —le dije, algo molesta.
—¡Mamá, no me grites! ¡No he hecho nada! —respondió Mateo con lágrimas en los ojos.
—Ven acá —dijo Joel, abriendo los brazos.
Mateo se acercó a él y se sentó en su regazo, aún con el ceño fruncido.
Yo me alejé un poco en silencio. A veces no sé cómo manejar estas emociones encontradas: amor, cansancio, sospechas... y ahora este apego tan intenso de Mateo.
Narrado por Joel
Llegamos a la iglesia de La Sagrada Familia. Antigua, majestuosa... se sentía la historia en sus muros. No soy el más religioso, pero ese lugar sí que imponía respeto y belleza.
—No soy católica —comentó Andy, mirando el altar—, pero es muy bonita la iglesia.
—En una iglesia así, dan ganas de casarse —dije con una sonrisa, mirándola.
—Andy, te hablan —bromeó Ely.
—¿Qué dice la novia? —dijo Leidy entre risas.
Andy se rio, pero respondió con serenidad:
—Amor, yo estoy bien así.
—¿O sea que no te quieres casar conmigo? 😭😭😭 —le dije, dramatizando.
—No es eso. Siempre he pensado que no necesito un papel para demostrar que amo a alguien. Y amor, tú sabes que te amo de verdad.
—Pero yo sí quiero casarme —respondí, más en serio.
—Lo hablamos luego, ¿sí?
—Está bien... —dije, bajando un poco la mirada. No quería presionar, pero ese deseo estaba allí, fuerte.
Sé que me ama, lo siento... pero también quiero ese momento, el símbolo, la promesa frente al mundo.
Narrado por Andy
Después del recorrido y de tomar muchas fotos, fuimos a comer. Y ahí volvió la montaña rusa emocional... Mateo otra vez se negaba a comer.
—Mamá, no me gusta esto —dijo mirando el plato con desagrado.
—Mateo, por favor. Tienes que comer.
—¡Pero no me gusta!
—Mi amor, no estamos en Perú. Tienes que comer lo que hay, por favor.
—¡No quiero! —empezó a llorar.
Me levanté, lo tomé en brazos y salimos del restaurante. Joel, sorprendido, vino detrás de mí. Ely y Leidy se quedaron en la mesa, en silencio.
—A ver, Mateo —le dije ya afuera—. Entiendo que no te guste la comida, sé que es diferente, pero si no comes esto, no habrá otra cosa.
—No me gusta, mamá... —sollozó.
—Bebé —dijo Joel con voz firme—, ¿ qué te pasa? Tú no eres así. Te estás portando muy mal. Tú eres un niño bueno, obediente, y hoy estás todo caprichoso.
—Es verdad —añadí yo.
—¡No! —respondió Mateo con otro berrinche.
—¿Ves cómo respondes? —le dije, conteniendo mi enojo—. No dejas que tu papá se me acerque, ni me abrace. En casa no eres así...
Mateo rompió en llanto de nuevo.
—Ya deja de llorar —dijo Joel con calma—. Ni tu mamá ni yo te hemos gritado ni golpeado.
—Está bien... voy a comer y portarme bien —dijo entre lágrimas.
—Vas a volver a la mesa, pedir disculpas a tus madrinas y comer tranquilo —le indiqué.
—Ok, mamá. Perdóname.
Me arrodillé, lo abracé fuerte.
—Está bien, mi amor.
—Perdón, papá.
—Todo bien, hijo. Vamos.
Volvimos a la mesa. Mateo se disculpó con Ely y Leidy, y esta vez comió sin quejarse.
Narrado por Andy
Ya en casa, mientras los niños dormían, estábamos en la sala.
—Andy, ¿ya te hiciste la prueba? —preguntó Leidy con curiosidad.
—¿Qué salió? —agregó Ely, sin rodeos.
—Aún nada. Es de esas que hay que hacer en ayunas. Mañana me la haré.
—Con la actitud que tuvo Mateo hoy, ya estoy sospechando —dijo Leidy riendo.
—Yo también. Pero hoy se portó muy malcriado.
—Está celoso —sentenció Ely.
—Sí, pero por más celos... eso no justifica todo su comportamiento.
—¿Sabes qué me deja con duda? —dijo Leidy.
—¿Qué cosa? —preguntó Ely.
—¿Por qué no se quiere bañar?
—Desde hace tiempo le tiene miedo al agua —respondí.
—¿Pero por qué?
—Una vez, cuando tenía dos años y medio, fuimos a la playa con mis suegros. Su tío lo metió al mar y una ola lo revolcó. Desde entonces le tiene miedo al agua. Joel está tratando de ayudarlo bañándose con él, poco a poco, para que se le pase.
—Con razón se asustó —dijo Leidy.
—Sí —añadió Ely—, tiene sentido.
—Pero bueno, chicas... —dije, cambiando de tema—, yo solo quería saber algo.
—¿Qué cosa? —preguntaron al unísono.
—¿Todo bien entre ustedes?
—Sí, todo aclarado —respondió Leidy.
—Sí, amiga —aseguró Ely.
—Entonces puedo dormir en paz —suspiré.
—¡Exagerada! —se burló Leidy.
—Sí, Andy... anda a dormir ya —dijo Ely, riendo.
—Bueno... buenas noches, chicas. Descansen.
—Buenas noches —respondieron.
Me fui a acostar con mil cosas en la cabeza, pero con una paz especial... solo espero que la prueba mañana me diga lo que ya presiento.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
