Narrado por Andy
Ya estábamos en nuestro último día en la Reserva de Tambopata. Todo lo que habíamos visto y vivido en ese lugar quedaría grabado en la memoria como un tesoro. Era el cierre perfecto para unas vacaciones mágicas. Y aunque la nostalgia empezaba a colarse, lo que predominaba en mí era la paz:
había tomado una decisión importante. Y, sobre todo, sabía que no estaba sola.
—Amor... ¿ya tomaste una decisión? —preguntó Joel, mientras observábamos a Mateo jugar con hojas secas bajo la sombra de un árbol inmenso.
—Sí, amor —respondí con una sonrisa suave—. Voy a intentar trabajar de forma remota. Y si no me lo permiten... pondré un negocio. Pero no quiero dejar a Mateo aún. No ahora.
Joel me miró con ternura, como si acabara de reafirmar algo que él ya sabía desde antes.
—Te voy a apoyar en lo que decidas. Solo quiero que seas feliz. Tú y Mateo son lo mejor que me ha pasado en la vida.
—Y ustedes dos... son los hombres de la mía —le respondí, sintiendo cómo los ojos se me llenaban de emoción.
Él me acarició el rostro con dulzura, y entonces, con tono juguetón, me lanzó una pregunta inesperada:
—Oye... el otro día, cuando hablábamos con las chicas... ¿has pensado en tener otro bebé?
—Sí... pero más adelante. Mateo todavía es muy pequeño, apenas tiene un mes y necesita toda mi atención.
—Lo sé, solo preguntaba... por si acaso, para estar preparado.
—Jajaja, qué chistoso eres.
—Podemos practicar si quieres...
—Hmm... déjame pensarlo.
—No hay nada que pensar.
—Pues convénceme de lo contrario...
—¿Estás retándome?
—Si tú lo crees...
—Vas a perder —dije, acercándome con una sonrisa pícara.
Justo entonces, Ely irrumpió en nuestra pequeña burbuja, riendo como si hubiera escuchado de más.
—¡Chicos, ya! Vamos, que ya casi partimos a Lima. Hoy vimos pura hermosura, y hay que aprovechar lo poco que queda.
🌿 Encuentros que quedan
Ese día, entre bromas, caminatas y paisajes de postal, hubo dos momentos muy especiales.
Primero, conocimos a una comunidad nativa cercana. Su forma de vida, sus costumbres, su hospitalidad... nos conmovió profundamente. Nos ofrecieron frutas que jamás habíamos probado, nos contaron historias de su tierra y hasta nos tomaron fotos sin que nos diéramos cuenta, capturando sonrisas tan genuinas que parecían eternas.
Pero luego, el día nos tenía preparado un susto.
✈️ El regreso
Al atardecer, emprendimos el regreso. Volvíamos directos a Lima, en un vuelo más largo de lo habitual. No quería irme... pero también sentía que algo dentro de mí había cambiado para siempre.
Ya en el avión, Mateo comenzó a inquietarse. Pensé que estaba incómodo conmigo, así que se lo pasé a Ely. Pero en lugar de calmarse, comenzó a llorar con fuerza.
Lo tomé de nuevo, lo arrullé. Nada funcionaba.
Y entonces lo noté:
su frente estaba ardiendo.
—Joel... tiene fiebre —le dije, con la voz temblorosa.
Por suerte, un médico viajaba en el mismo vuelo. Se ofreció a revisarlo.
—Probablemente contrajo alguna bacteria en la selva —nos explicó—. Es algo común en bebés tan pequeños. El cambio de ambiente puede afectarlos. Pero no se preocupen: tiene fiebre, pero está estable. Si tienen paracetamol, denle una dosis pequeña. Y llévenlo al hospital apenas aterricen.
Gracias al cielo, llevaba el medicamento en la pañalera. Se lo dimos con mucho cuidado. Poco a poco, la fiebre empezó a bajar. Pero el susto... no se fue tan fácil.
Joel estaba serio, tenso. Ely y Leydi también. Pero intentaban mantenerse serenas.
Yo solo podía abrazar a mi hijo y orar en silencio.
—Dios... mi amor, ¿qué tienes? —le susurré, acariciándole la frente.
Joel me abrazó desde su asiento.
—Amor, tranquila. Cuando lleguemos a Lima, iremos al hospital. Todo va a estar bien.
—No quiero que sea nada grave —murmuré, entre lágrimas.
—Y no lo será —me aseguró, con esa seguridad firme que solo él sabe transmitir—. También estoy preocupado, pero estamos juntos. Vamos a cuidar a nuestro hijo. Siempre.
🛬 El verdadero viaje
Fue un final inesperado para unas vacaciones llenas de alegría, descubrimientos y decisiones. Pero incluso con el miedo, incluso con la incertidumbre, el amor nos sostenía.
Porque al final, el verdadero viaje no está en los paisajes que ves,
sino en las personas que te acompañan
y en las decisiones que tomas con el corazón.
El avión nos llevaba de vuelta a Lima. A la rutina. A la vida real. Pero yo ya no era la misma.
Era mamá. Compañera. Mujer decidida. Agradecida.
Y, más que nunca, sabía que lo mejor aún estaba por venir.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
