Narrado por Andy
Después de visitar varias casas, por fin encontramos la nuestra. Fue casi un flechazo.
Era amplia, luminosa, tenía ese aire cálido de hogar que sentí desde que crucé la puerta. Nos quedaríamos con esa.
Mi cocina, moderna y funcional, me encantó desde el primer momento.
El comedor era práctico, se podía mover con facilidad y eso me daba libertad para hacer espacio si recibíamos visitas o simplemente queríamos estar más cómodos.
La sala era perfecta para nuestras tardes en familia.
Nuestro cuarto tenía una vista hermosa, y aunque ya no tenía mucha cintura, soñaba con mirar por esa ventana abrazada a Joel y con Emilia dormida en mis brazos.
Mateo tendría su propio espacio, decorado como a él le gustaba: con dinosaurios, colores y espacio para sus juguetes.
Y el cuarto de Emilia... hermoso. La cama fue reemplazada por una cuna que su tía Leydi le regaló con tanto amor. Todo en tonos suaves, con detalles tiernos.
Era un nuevo comienzo para los cuatro... bueno, los cinco, contando a Doki.
Narrado por Joel
Llegó el día de la mudanza.
Andy ya tenía cinco meses de embarazo, así que nada de esfuerzos. Como Mateo estaba muy inquieto y Doki parecía más nervioso que todos nosotros juntos, decidimos contratar una empresa de mudanza. Así yo podía encargarme de los dos terremotos mientras los profesionales hacían el trabajo duro.
En el auto, iba manejando, mientras Andy y Mateo iban atrás con Doki, que saltaba de un asiento al otro sin parar.
—Doki, deja de saltar —le dijo Mateo serio.
—Déjalo, está feliz —contesté sonriendo.
—Sí, pero se puede caer —dijo con tono protector. A veces me sorprende cómo ese pequeño ya piensa como hermano mayor.
—Ya vamos a llegar —dijo Andy de pronto, con una mano en la frente.
—¿Te sientes mal? —le pregunté preocupado.
—Sí... tengo náuseas —murmuró.
—¿Quieres una bolsa?
—No... párate un rato, por favor.
Me orillé de inmediato. Andy se bajó despacio y vomitó. Mateo la miraba desde la ventana, preocupado.
—Mami está enferma —dijo en voz bajita cuando volvió a subir.
—No, mi amor. Comí algo que me cayó mal, nada más —dijo ella con ternura.
—¿Quieres que maneje más rápido? —pregunté tomándole la mano.
—Sí, está bien. ¿Tienes alcohol?
—¡Yo tengo! —dijo Mateo orgulloso, sacando su botiquín de emergencias de la mochila. Era pequeño, pero tenía todo: tiritas, pañuelos y un frasquito de alcohol.
—Gracias, campeón —dijo Andy acariciándole el cabello.
Narrado por Mateo
¡La casa era ENORME! Cuando bajamos del auto, corrí como loco por todos lados.
—¡La casa es más grande, mamá! —grité feliz.
—Sí, mi amor. Anda a ver tu cuarto.
—¡Ven, Doki! ¡Vamos! —le dije a mi perro y salimos corriendo.
Tenía mi cama, mi estante de juguetes y hasta una mesita para dibujar. ¡Era genial!
Narrado por Andy
Mientras Mateo exploraba feliz, Joel se acercó por detrás y me abrazó por la cintura.
—¿Te sientes mejor? —me susurró.
—Sí, ya me siento bien.
—Anda, ve a descansar. Yo me encargo de desempacar.
—¿Estás seguro?
—Sí, mi amor. Ve, duerme un ratito.
Me dio un beso tierno en la mejilla, mientras acariciaba mi vientre. A veces no podía creer la suerte que tenía.
Justo cuando me disponía a subir las escaleras, escuchamos gritos desesperados desde el cuarto de Mateo.
—¡MAMÁAAAA! ¡PAPÁAAAA!
Corrimos con el corazón en la mano. Lo encontramos en medio del cuarto con cara de drama.
—¿Qué pasó? —pregunté preocupada.
—¡Es que no me hacen caso! —respondió con una mezcla de enojo y vergüenza.
—Mateo, no mientas. Recién estás avisando —dije seria.
—Perdón... ya no lo volveré a hacer —respondió bajando la cabeza.
—Ahora sí, dime, ¿qué pasa?
—Por hoy... ¿puedo dormir con ustedes?
Miré a Joel, que ya sonreía.
—¿Qué dices tú, papá?
—Sí, mi amor. Hoy dormimos todos juntitos.
Mateo corrió a abrazarnos.
Y así, con cajas a medio abrir, y una casa nueva que todavía olía a pintura fresca, nos dormimos juntos los tres (bueno, los cuatro con Emilia y cinco con Doki a los pies de la cama).
Ese día supimos que no era solo una casa nueva. Era nuestro hogar.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
