ANDY
Estaba en mi habitación, dentro de la ducha. Es mi pequeño escape cuando no me siento bien. El sonido del agua cayendo, el vapor, el silencio... todo eso me ayuda a calmar lo que a veces ni siquiera sé cómo nombrar.
Antes de tener a Mateo, cuando me sentía así, simplemente iba al mar. El mar tiene ese poder. Pero ahora, como mamá, la ducha es lo más cercano que tengo a ese momento de paz.
Joel sabe que cuando desaparezco por más tiempo de lo normal en el baño, es porque necesito espacio. Y siempre me lo da.
De pronto, mientras me secaba, algo me sacó de ese pequeño refugio.
Un olor...
Chocolate.
Sonreí al instante. Ese aroma me conecta con momentos lindos, con tardes de repostería, con las primeras recetas de nuestra empresa... y también con amor.
Me puse una bata, salí de la habitación, y fui directo a la cocina.
Y ahí estaban: los dos amores de mi vida.
Joel tenía el delantal lleno de manchas marrones, y Mateo... bueno, Mateo parecía una trufa humana.
—Andy: ¿Qué hacen?
—Mateo: ¡Mami! (corrió hacia mí)
—Andy: (lo cargo) ¡Ay, mi amor, estás todo lleno de chocolate!
—Joel: Estábamos preparando chocolates.
—Andy: Lo olí... pero, ¿para qué?
—Mateo: ¡Para ti!
Me quedé en silencio por un segundo. Me derritió.
—Andy: ¿Para mí?
—Mateo: Sí, para pedirte perdón.
—Andy: ¿Perdón? ¿Por qué, mi amor?
—Mateo: Porque te hice sentir triste.
Mi pecho se apretó. Lo abracé con fuerza.
—Andy: No, mi amor... yo soy quien tiene que pedirles perdón a ustedes dos.
—Joel: ¿Por qué lo dices, amor?
—Andy: Porque tengo esa mala costumbre de organizar cosas sin consultar... sin saber si están de acuerdo o no.
—Joel: ¿Lo dices por el viaje?
—Andy: Sí. Y si no quieren ir, no vamos. No quiero que lo sientan como una obligación.
—Mateo: Mami, yo sí quiero ir.
—Joel: Ah, o sea que me quieren dejar solo en Navidad.
—Andy: ¡No!
—Joel: Entonces... Mateo quiere ir. Tú también. ¿Y si yo digo que no? ¿Me dejan aquí como el Grinch?
—Andy: Amor, si no quieres ir, de verdad, no te sientas presionado.
—Joel: Escúchame bien... Sí me molestó que no me consultaras.
—Andy: Perdón...
—Joel: Pero también sé lo feliz que te hace ver a las chicas. Y te soy sincero... yo también las extraño. Si tengo que ir al otro lado del mundo para verte sonreír, lo haré sin pensarlo.
—Andy: Gracias... entonces, ¿estamos de acuerdo en ir a España?
—Mateo y Joel (juntos): ¡SÍ!
Joel nos abrazó fuerte. Yo sentí cómo ese momento me envolvía por completo.
Y justo ahí... me vino otro mareo. Esta vez, Joel lo notó.
—Joel: Amor, ¿estás bien?
—Andy: Sí... solo fue un mareo.
—Joel: ¿Otro más?
—Andy: Debe ser por el estrés del viaje, no te preocupes.
—Mateo: ¡Mami, come los chocolates que hicimos para ti!
—Joel: Sí, un poquito de dulce te hará bien.
—Andy: Pero los comemos todos juntos, ¿sí?
—Mateo: ¡Siii!
Nos sentamos los tres a probar los chocolates. Algunos estaban crocantes, otros muy dulces, pero sabían a amor. Dejamos el resto en la nevera.
JOEL
Después de ese momento, Andy quiso bañar a Mateo. Lo que parecía una misión sencilla, se convirtió en una batalla campal.
—Andy: Después te baño, estás lleno de chocolate.
—Mateo: ¡Mami, nooo!
—Joel: Mateo, hay que obedecer a tu mamá.
—Mateo: ¡Papá, nooo!
—Andy: Mateo, ya sabes que antes de dormir, tienes que bañarte.
Y entonces... empezó el drama.
Mateo lloraba, pataleaba, suplicaba. Andy mantenía su firmeza, aunque se notaba agotada. Yo trataba de intervenir, pero también sabía que en estas cosas, mamá tenía la última palabra.
—Mateo: ¡Mañana tempranito me bañas!
—Andy: No, Mateo.
—Mateo: ¡Papá, ayúdame!
—Joel: Te ayudo en todo, hijo, pero en esto... sabes que hay reglas.
—Mateo (llorando): ¡Pero no me gusta!
—Andy: Así llores, te voy a bañar igual.
Y lo bañó. Con paciencia. Con amor. Con firmeza.
Yo la miraba mientras lo secaba y le ponía la pijama, ya dormido, después de tanto llorar. La forma en que cuidaba de él... la forma en que lo educaba, incluso cuando estaba cansada... me enamoraba aún más.
La acosté junto a mí, la abracé, y le susurré:
—Joel: Estás haciendo un gran trabajo, amor.
Ella solo asintió con los ojos cerrados.
Mañana será otro día. Un día más cerca de ese viaje... y quizás de una nueva sorpresa que ni ella se imagina todavía.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
