ANDY
El avión ya estaba lleno. Las maletas en su sitio, cinturones puestos, y Mateo... bueno, Mateo estaba más inquieto que nunca.
—Mateo: ¿A qué hora nos vamos?
—Andy: Mateo, cálmate, mi amor.
Pero era su primer vuelo consciente, era lógico. Su emoción era tan grande como su curiosidad.
—Mateo: ¡Papá, ya vamos a volar!
—Joel: Espera, campeón. Aún no terminan de subir todos.
Pasó una azafata por el pasillo. Y como si ella tuviera todas las respuestas del universo...
—Mateo: ¡Señorita! ¿Ya nos vamos?
—Azafata: (sonriendo con paciencia) En unos minutos despegamos, cariño.
—Andy: Gracias. Mateo, ¿por qué no intentas dormir un ratito, para que no te afecte el cambio de horario?
—Mateo: Pero no tengo sueño...
Yo suspiré, y Joel tomó el control.
—Joel: (sereno) A ver, Mateo. Vamos a ver una peli juntos, ¿sí? Así te distraes.
—Mateo: ¡Sí, papá!
Lo senté entre nosotros. Pusimos una película animada. Por un momento, pensé que lograríamos algo de paz.
Pero entonces, el avión comenzó a moverse.
MATEO (pensando)
¿Por qué todo se mueve? ¿Y ese sonido? ¿Y por qué siento cosquillas en la panza?
—Mateo: ¡Mami! ¿Qué pasa?
—Andy: Nada, bebé. Ya estamos despegando.
—Mateo: ¡Suena muy feo!
—Andy: Ya va a pasar, mi amor. Todo está bien.
Le tomé la mano y él la apretó con fuerza. Noté cómo sus ojitos se agrandaban y trataban de entender el mundo por la ventana.
Poco a poco el avión se estabilizó. Mateo volvió a mirar la pantalla. Su cuerpito se relajó.
MATEO (pensando)
Bueno, ya no se mueve tanto... papá está aquí... mamá también... y hay palomitas de avión (bueno, casi).
Esto no está tan mal...
A la media hora, su cabeza cayó sobre el hombro de Joel. Se había quedado dormido. Y no pasó mucho hasta que Joel también cerró los ojos. Solo yo permanecí despierta por un rato más, mirando por la ventanilla, con el corazón lleno... y algo de ansiedad que no podía explicar.
JOEL
Aterrizamos en Madrid. Mateo seguía completamente dormido, como un osito de peluche. Lo cargué en brazos, aún con la cara pegada a mi cuello, mientras Andy se encargaba de los documentos.
La fila de inmigración fue larga. Revisaron todo, incluso el acta de nacimiento de Mateo. Nada fuera de lo común, pero sí más estricto. Finalmente, nos dejaron pasar.
—Joel: Listo. Nuestro pequeño está oficialmente en suelo español.
Fuimos a recoger las maletas. Andy buscaba a Leydi con la mirada, pero no la encontraba. Al parecer, era parte de la sorpresa.
—Andy: No la veo... ¿crees que sí nos vino a buscar?
—Joel: Seguro que sí, amor. Leydi nunca falla.
Y justo ahí, sonó el celular de Andy. Una notificación.
—Leydi: ¿Dónde estás?
—Andy: Estamos en la salida, donde todos.
—Leydi: ¡Ya los vi! ¡Mateo está enorme!
—Andy: ¡Yo también te vi!
Nos encontramos al fin. Andy la abrazó fuerte. Luego yo. Leydi tenía esa energía cálida de siempre. Mateo no se movía. Seguía profundamente dormido.
ANDY
Subimos al auto de Leydi. Me sorprendió verla con coche propio.
—Andy: ¡Qué tal, señora independiente!
—Leydi: Ya era hora, ¿no?
El camino fue tranquilo. El paisaje me encantaba: las montañas a lo lejos, casitas típicas, flores en los balcones... Me llenó de paz.
Y entonces...
—Mateo: (llorando suavemente) Mamá...
Me giré enseguida.
—Andy: Aquí estoy, mi amor. ¿Qué pasa?
Mateo se talló los ojitos. Estaba desorientado. Miró alrededor, luego fijó la vista en la conductora.
—Mateo: (confundido, pero feliz) ¿¡Madrina Leydi!?
—Leydi: ¡Hola, mi bebé precioso!
Quería abrazarla, pero al verla manejando, solo le sonrió tímidamente.
—Mateo: ¿Y mi madrina Ely?
—Andy: Vamos en camino a verla.
—Mateo: ¿Y mi prima?
—Leydi: La vas a conocer pronto.
—Mateo: ¿Y cómo se llama?
—Andy: Mateo, espera que te lo diga tu tía, con calma.
—Mateo: ¡No se vale!
—Joel: Amor, ya empezó a ponerse celoso otra vez...
—Mateo: ¿Qué es celoso, papá?
—Joel: Como cuando te enojaste conmigo porque no te hicimos caso el otro día.
—Leydi: ¿Qué pasó?
—Andy: Nada grave. Que Joel y yo estábamos... ocupados en la habitación, y Mateo se molestó.
—Leydi: ¡Eso les pasa por calenturientos!
—Andy: ¡Leydi!
—Mateo: Mamá... ¿qué es eso?
—Andy: Nada, bebé. Es una palabra que no necesitas saber ahora.
MATEO (pensando)
Siempre dicen que "nada". Pero seguro es algo importante...
Igual... ¡ya quiero ver a mi prima!
JOEL
Mateo volvió a apoyarse en Andy. Se notaba cansado, pero feliz. Pronto llegaríamos con Ely, y conoceríamos a la bebé. Yo estaba más que listo para abrazarlas a todas.
No sabía qué esperaba de este viaje, pero algo me decía que no sería solo vacaciones.
Algo en Andy...
En su mirada...
En sus silencios...
Y no me equivocaba.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
