Capítulo 20 - Entre Mareos y Confesiones

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Habían pasado ya un par de meses desde aquella noche que Andy y Joel juraron "olvidar".

O al menos eso decía Joel...
Porque Andy nunca pudo sacarlo de su mente.
Y, aunque él no lo admitiera en voz alta, tampoco lo había olvidado.

Cada noche, al cerrar los ojos, la imagen de Andy lo perseguía como un susurro insistente, recordándole lo mucho que deseaba volver a besarla... y lo que sintió esa noche cuando la tuvo tan cerca.

El destino, caprichoso como siempre, se empeñaba en mantenerlos cerca.

Ahora estaban en plena capacitación general, trabajando codo a codo con otros formadores, pero ellos dos siempre terminaban juntos en las dinámicas clave.
Si Andy lideraba una actividad, Joel la asistía. Si Joel dirigía una presentación, Andy organizaba el material.

Y fue precisamente en uno de esos días largos, ya cerca del mediodía, cuando ocurrió algo inesperado.

Mientras organizaban insumos y planillas con Carolina, Andy palideció de golpe. Se llevó una mano a la frente, trastabilló ligeramente... y tuvo que sentarse.

Caro (corriendo hacia ella):
—¡Andy! ¿Estás bien?

Joel (dejando todo y acercándose rápido):
—¿Qué te pasa? ¿Estás mareada?

Andy (intentando forzar una sonrisa):
—Tranquilos... solo fue un mareo. Creo que no desayuné bien.

Joel (frunciendo el ceño):
—¿Y eso te pasa seguido?

Andy (mirando al suelo):
—Hace unas semanas... también tengo náuseas a veces, pero pensé que era estrés.

Joel:
—¿Fuiste al médico?

Andy (negando con la cabeza):
—No... iba a ir mañana.

Caro (decidida):
—Nada de "mañana". Vamos hoy mismo. Si no vas sola, te llevamos.

Joel (ya sacando las llaves):
—Te acompaño, Andy. No es normal, y quiero estar seguro de que estás bien.

Andy, algo sorprendida por la reacción protectora de Joel, asintió en silencio.
No estaba acostumbrada a que alguien se preocupara así por ella... y en el fondo, le gustaba.

🚗 En el camino al hospital

El silencio reinó al principio, pero Joel no pudo más.

Joel (mirando el camino, serio):
—Andy... ¿me estás diciendo todo? ¿O hay algo más?

Andy (suspirando):
—También tengo un retraso.
No me baja desde hace casi dos meses.

Joel (girando bruscamente el rostro):
—¿Dos meses? ¿Y no me lo dijiste antes?

Andy (molesta):
—¡No me hables así!
¿O ya se te olvidó que fuiste tú quien dijo que lo de esa noche no significaba nada?
Solo respeté tu decisión, Joel.

Joel (bajando la voz, arrepentido):
—Tienes razón... Perdón.
La verdad es que no he dejado de pensar en esa noche ni un solo día.

Andy (mirándolo de reojo):
—Yo tampoco la olvidé.
Y si pasó, fue porque ambos lo queríamos. Nadie obligó a nadie.

Joel (asintiendo con sinceridad):
—Te quiero, Andy.
Ese día no me contuve porque sentía muchas cosas por ti...
Y la verdad... aún las siento.

Andy (con lágrimas en los ojos):
—Yo también te quiero, Joel...

Joel (sonriendo):
—Entonces primero vamos al hospital, ¿sí?
Lo demás... lo resolveremos juntos.

Andy (asintiendo):
—Solo una cosa. Prefiero ir a un hospital público. Me da más confianza.

Joel:
—Como tú digas. Solo quiero que estés bien.
Y... Andy... no me lo tomes a mal, ¿sí?

Andy (mirándolo, seria):
—Dime.

Joel (con cautela):
—¿Tuviste algo con Mario... en ese tiempo?

Andy (molesta):
—¡Claro que no! Mario nunca me tocó.
¿En serio dudas de mí?

Joel (apurado):
—¡No, no! Te creo, amor.
Solo quería estar seguro...
No quiero que nadie venga a reclamar algo que no le corresponde.

Andy (algo desconcertada):
—¿Me dijiste "amor"?

Joel (ruborizado, nervioso):
—Perdón... es que...
No sé, me ilusiona la idea de que puedas estar embarazada.
Me ilusiona la idea de que podamos formar algo juntos.

Andy (emocionada):
—¿Y si no lo estoy?

Joel (tomándola de la mano):
—Entonces igual quiero estar contigo.
Con bebé o sin bebé.
Quiero estar a tu lado, Andy.

Andy (con una sonrisa tímida):
—Nunca pensé que dirías eso...

Joel (sacando algo del bolsillo):
—Y eso no es todo.

Le mostró una rosa hecha de papel, cuidadosamente doblada.

Joel (mirándola con dulzura):
—¿Quieres ser mi novia?

Andy (con los ojos brillando y una emoción que no podía ocultar):
—Sí. Sí quiero.

Justo en ese momento, el chófer giró levemente la cabeza:

Chófer (amablemente):
—Disculpen... ya llegamos.

Se miraron un segundo más.
Todavía no se habían besado, pero el momento ya era perfecto.
Había amor. Había miedo. Había una promesa...
Y quizás, también, una nueva vida en camino

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora