Capítulo 2 : El comienzo parte 2

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Después de hablar con mis amigas, cerré el chat y dejé el celular a un lado. A pesar de sus palabras de ánimo, seguía sintiendo ese nudo en el estómago. No era miedo al trabajo. Era otra cosa. Un miedo que conocía bien... ese que aparece cuando una parte de ti quiere abrirse al amor, pero la otra aún sangra por lo que vivió.

Ya me rompieron el corazón una vez.

Y no fue cualquier ruptura. Fue una de esas que te dejan sin ganas de volver a confiar, que te arrancan pedazos de autoestima y te hacen prometerte que "la próxima vez" serás más fuerte, más fría, más cautelosa. Aún me dolía recordarlo. Pero si hoy estaba de pie, era por ellas: mis dos amigas del alma, Michel y Pame... y por dos ángeles más que la vida me regaló en el camino.

Suspiré, sacudí esos pensamientos de mi cabeza y me alisté. Había que ser puntual, como siempre.

Encuentro con los compañeros

Me dirigí al punto de encuentro que habíamos acordado para ir todos juntos al trabajo. El cielo empezaba a oscurecerse, y el aire traía esa mezcla de expectativa y ansiedad que solo se siente el primer día de algo importante.

Llegué temprano, como siempre. Me senté en una banca y revisé el celular por inercia, hasta que escuché una voz conocida.

Hola, Andy —dijo Bruno, sonriendo.

—Hola, ¿solo tú ibas a venir?

—No, varios me dijeron que también venían. Pero ya sabes cómo son...

—Bueno, solo queda esperar.

—Sí... mira, ahí viene Karina.

Karina llegó con su energía habitual, saludando como si el mundo fuera su escenario.

—¡Hola, chicos! ¿Están nerviosos?

—Yo un poco —confesé—, pero no sé por qué. No es como si fuera la primera vez que trabajo.

—Mmm... ¿por qué será? —preguntó Bruno, levantando una ceja con picardía.

—Honestamente... no lo sé —mentí, intentando sonar natural.

—¿Quién más va a venir? —preguntó Karina, mirando alrededor.

—Voy a escribir en el grupo para ver quién está cerca —dije, sacando el celular.

—Sí, mejor —agregó Bruno—. Para no estar esperando por gusto.

—Gianfranco ya está en camino. Solo lo esperamos a él y nos vamos.

—Perfecto —dijo Bruno.

—Ya se está haciendo tarde... —añadió Karina.

Unos minutos después, Gianfranco apareció trotando ligeramente.

—¡Listo, chicos! Vámonos.

—Sí, vamos. Que los demás vayan directo.

—¡Vamos!

Camino al trabajo

Mientras caminábamos, el sonido de los autos, las conversaciones entre compañeros y el bullicio de la ciudad se mezclaban con mis pensamientos. Pero por dentro, todo era un torbellino. No podía dejar de pensar en él. En Joel.

Y lo peor era que, al pensar en él, también revivía mis heridas.
Aquel chico que me juró amor eterno y terminó haciéndome sentir como si no valiera nada. Me manipuló, me mintió, me hizo dudar de mí misma. Al final, solo mis amigas lograron sacarme de ese pozo oscuro en el que me hundí.

A veces me preguntaba si alguna vez volvería a amar con confianza.

—¡Hey! —dijo Karina, dándome un leve golpe en el brazo—. ¿En qué planeta estás?

—¡Auch! ¿Por qué me pegas?

—¡Porque no me escuchas! Te he hablado tres veces.

—Perdón... estaba pensando en algo.

—¿En algo... o en alguien?

—😅 En alguien...

Karina se detuvo en seco y me miró con ojos brillantes.

—¡¿En quién?! ¿Lo conozco? ¿Es alguien del grupo de capacitación?

—Cálmate, Karina —reí nerviosamente—. Sí lo conoces... pero no es exactamente del grupo.

—¿Cómo que "no exactamente"? Ya me perdiste.

—Ay, Dios... Ok, te voy a decir, pero no le cuentes a nadie. ¿Promesa?

—Tú sabes que soy una tumba.

—Me gusta Joel.

Karina frunció el ceño, como si acabara de oír una blasfemia.

—¿¡Qué?! Nooo, amiga...

—¿Por qué esa reacción?

—Espero que solo sea un gustito pasajero... porque ese tipo es un patán.

—¿Qué? ¿Por qué dices eso?

—Tú sabes que yo no juzgo a la gente así nomás, pero... he salido varias veces con Carolina y él. Siempre se ha portado fatal. Maleducado, creído... de esos que creen que todas giran a su alrededor. De verdad, nada que ver.

—¿De verdad?

—Sí, amiga.

Me quedé en silencio unos segundos.
Karina no solía hablar mal de nadie sin razón. Eso me hizo dudar. Pero también sabía que las personas podían cambiar... o esconder quiénes eran.

—No sé... siento que necesito conocerlo mejor antes de sacar conclusiones —dije finalmente—. Pero sí, tengo miedo. Miedo a volver a pasar por lo mismo. A confiar y... terminar hecha pedazos otra vez.

Karina suavizó su expresión.

—Lo entiendo. Por lo que me contaste de tu ex... tiene sentido. Solo te pido que te cuides, ¿sí?

—Sí... eso haré.

—Tranquila, amiga. Nadie dice que vas a encontrar el amor en el trabajo... ¡pero ojalá que no sea con ese patán de Joel! —bromeó, intentando aliviar la tensión.

Sonreí, aunque por dentro el corazón me latía con fuerza.
Joel era un misterio que me atraía...
Y el miedo, mi sombra silenciosa.

Tal vez esta historia apenas comenzaba.
Y yo no estaba lista... pero quería intentarlo.


Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora