ANDY
Después de la metida de pata de Leydi (como siempre, con su lengua suelta), ya íbamos en camino a su casa. Esta temporada nos quedaríamos con ellas. Desde el auto, mientras caía el atardecer, el cielo pintaba tonos cálidos que se mezclaban con las luces de las casas. La ciudad se veía viva.
Pero al llegar... wow.
La casa de Ely y Leydi era hermosa, grande pero cálida. De dos pisos, con paredes color crema y ventanales enormes con cortinas suaves que dejaban pasar la luz tenue del interior. El jardín al frente tenía flores plantadas por toda la entrada y faroles que encendían automáticamente, dándole un toque de cuento.
No es que no ame mi casa... pero esta la amé. Se sentía viva, se sentía hogar. Y de noche... se veía aún más mágica.
Apenas bajamos del carro, Mateo saltó de emoción. Literalmente. Y lo hizo sin zapatos, olvidando que venía dormido y descalzo. Saltó derecho a un charco de barro sin notarlo.
—Mateo: (llorando) ¡Mamáaaa!
—Andy: ¡Mateo! ¿Qué pasó?
—Mateo: ¡Me caí en el barro!
—Joel: Eso te pasa por desesperado, campeón...
—Andy: Ya, ven. Vamos a limpiarte.
Yo solo negaba con la cabeza, tratando de no reír. Andy a veces era muy blanda con él.
JOEL
Al entrar a la casa, Ely venía bajando las escaleras con su bebé en brazos. Y la escena fue perfecta. Ella con su cabello suelto, en ropa cómoda, y esa bebé que parecía sacada de una portada de revista.
—Ely: ¡¿Qué hacen aquí?!
—Andy: Si quieres nos vamos...
—Ely: ¡Andy, no inventes! ¿Cómo que si quiero? ¡Obvio que no! Ven acá.
—Andy: Sorpresa. Vamos a pasar las fiestas con ustedes. Pero si prefieres, regresamos al aeropuerto (dijo entre risas).
—Mateo: ¡No, mamá!
—Joel: Tranquilo, campeón. Tu mamá está bromeando.
—Ely: ¡Mateo! ¡Qué grande estás!
—Mateo: ¡Madrina! —(corrió a abrazarla con fuerza).
Leydi se adelantó y cargó a la bebé con orgullo. Entonces Andy la pidió en brazos, y me la trajo.
—Andy: Joel, ven. Mira quién es...
La cargué con cuidado. Pequeñita, piel clarita, cabello negro como la tinta, y unos ojitos entreabiertos que intentaban descubrir el mundo.
—Andy: Les presento a Leidely Dayanne.
Dios... qué niña tan hermosa. Tan pequeña, tan frágil. Me quedé mirándola como si fuera de cristal.
En eso, Mateo nos vio tan embobados con la bebé que soltó a su madrina y corrió a mí con urgencia.
—Mateo: ¡Papá, quiero verla!
Lo cargué y le mostré a su primita.
—Joel: Aquí está, hijo. Es tu prima.
—Mateo: Es muy bonita.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
