Capítulo 39: La primera madrugada

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👩‍🍼 Andy

Eran como las 2:00 a.m. cuando escuché el primer llanto.

No un llanto desesperado, sino ese que va creciendo poco a poco, como una alarma que sube de volumen.

Me incorporé con cuidado. El dolor de la cesárea seguía presente, pero más fuerte era la necesidad de ver qué le pasaba a Mateo.

Joel dormía profundamente, boca arriba, con la boca semiabierta y el control remoto aún en la mano. Lo miré y sonreí. Tan agotado como yo... o más.

Me levanté despacio, fui hasta la cuna y vi a mi bebé moviendo sus piernitas, inquieto.

Andy (susurrando):
—Hola, mi amor... ¿tienes hambre?

Lo cargué con todo el cuidado del mundo. Al pegarlo al pecho, se tranquilizó casi de inmediato. Succionaba con fuerza, y yo lo miraba como si acabara de descubrir el milagro de la vida otra vez.

De pronto, sentí que alguien se levantaba detrás mío.

Joel (con voz ronca):
—¿Ya despertó?

Andy:
—Sí... tenía hambre.

Joel (acercándose):
—¿Te duele? ¿Quieres que lo cargue un rato?

Andy (negando):
—No, ya casi termina. Pero vas calentando el pañal y las toallitas, porfa.

Joel:
—Sí, señora.

Lo vi caminar medio dormido, chocarse con la silla, agarrarse el pie en silencio para no maldecir. Me dio ternura... y risa.

👨 Joel

Nunca pensé que cambiarle el pañal a un bebé fuera tan técnico.

Ya había visto tutoriales. Vi cómo las enfermeras lo hacían con una precisión de cirujanos. Pero ahora era mi turno... y Mateo parecía estar al tanto de mi inseguridad.

Lo acosté en el cambiador con suavidad. Tenía todo listo: pañal, toallitas, cremita.
Andy me miraba desde la cama, con Mateo ya medio dormido.

Joel (bajando el pañal con cuidado):
—Tranquilo, campeón... esto será rápido.

Y justo cuando lo iba a limpiar... ¡ZAS!

Un chorro de pipí, directo a mi brazo.

Andy (gritando de risa):
—¡Te orinó! ¡Te orinó!

Joel (congelado):
—¿¡Qué demonios...!?

Andy:
—¡Bienvenido a la paternidad, amor!

Me quedé mirando mi brazo como si me hubiera tocado ácido nuclear.

Joel:
—Esto no estaba en los videos...

Andy (muerta de risa):
—Ningún video te prepara para eso.

Mateo, por su parte, parecía satisfecho. Había comido, había hecho pis, y ahora bostezaba como si no hubiera hecho nada fuera de lo común.

Yo limpié, cambié, y puse su nuevo pañal con una eficiencia admirable para alguien que acababa de ser traicionado por su propio hijo.

Lo cargué y lo llevé con Andy. Lo arropamos juntos, lo dejamos en la cuna y volvimos a la cama.

💬 Un momento en silencio

Joel:
—No puedo creer que me orinó...

Andy:
—Y eso que aún no conoces el "escupitajo sorpresa" post biberón.

Joel:
—¿Qué más me espera?

Andy (riendo):
—Todo. Pero también te esperan miles de sonrisas, primeras palabras, abrazos... y más pis, claro.

Nos miramos en silencio. Teníamos ojeras, el cuarto olía a crema para bebé y yo todavía tenía una mancha de pipí en la manga... pero nos sentíamos completos.

Joel (acariciando mi mano):
—No cambiaría este caos por nada.

Andy:
—Yo tampoco.

Mateo hizo un pequeño sonido en la cuna, como un suspiro feliz. Y entonces lo supe.

A pesar del cansancio, del dolor, de las dudas... estábamos viviendo algo único.

La primera noche de muchas.
Nuestro nuevo comienzo.

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