Andy
Volver a casa fue hermoso... y agotador.
No pensé que algo tan pequeñito pudiera desatar tanto caos —y tanto amor— al mismo tiempo.
Las primeras horas fueron una mezcla de nervios, emoción y muchas preguntas que ni Google sabía responder.
Mateo lloraba, comía, dormía, volvía a llorar, y todo eso en bucle.
Yo trataba de mantenerme serena, pero entre el dolor de la cesárea, la subida de la leche y la falta de sueño... tenía los sentimientos a flor de piel.
Joel
El primer turno nocturno fue mío. Lo dije con orgullo, claro.
—"Duérmete tú, Andy. Yo lo cuido."
Qué valiente me sentí... durante los primeros treinta minutos.
Después estaba en el sillón, con Mateo en brazos, y me quedé dormido sentado. Me despertó su llanto. Y luego el tuyo.
Andy, no te enojaste, pero sí me miraste como diciendo: "te dije que no ibas a aguantar".
Tenías razón.
Andy
Verlo dormir con Mateo sobre el pecho fue... enternecedor.
Pero cuando se quedó así, con la boca abierta, roncando suavecito, mientras Mateo intentaba moverse, me dieron ganas de reír y llorar al mismo tiempo.
Me acerqué, lo tomé con cuidado y me lo llevé para amamantarlo.
Me dolía. Mucho.
Pero al verlo mirarme con esos ojitos oscuros, tan parecidos a los de Joel, sentía que todo valía la pena.
Joel
Yo intentaba ser útil. Cambiar pañales. Preparar café. Sostener la luz del celular mientras Andy le daba de comer.
A veces ella lloraba.
Y yo no sabía si era por cansancio, por dolor, por amor, o por todo junto.
Entonces me acercaba y le decía bajito:
—Lo estás haciendo increíble, amor.
Y ella me respondía:
—Gracias... pero no me digas eso ahora, mejor pásame la crema para los pezones.
😂
Andy
Las visitas no tardaron en llegar.
Primero mi mamá. Luego su mamá. Después mis tías. Luego los primos.
Todos querían ver a Mateo, tocarlo, opinar.
Yo solo quería dormir. Pero también quería mostrarle al mundo lo hermoso que era nuestro bebé.
Una tarde, cuando por fin nos quedamos solos, Joel preparó café y se sentó conmigo en el sofá.
Mateo dormía en su moisés, al lado.
Y por un instante, solo nos miramos.
Joel
Andy tenía ojeras, el cabello hecho un desastre, y una mancha de leche en la blusa.
Y nunca la había visto más hermosa.
Nos quedamos en silencio, tomando café, sin necesidad de decir nada.
Yo la miré. Ella me miró.
Y supe —con esa certeza que no necesita explicación— que eso era la felicidad.
Rota, cansada, real. Pero felicidad.
Andy
—"Esto es real, ¿no?", le susurré.
—"Sí. Somos una familia ahora.", respondió.
Mateo se movió un poco en sueños.
Joel me tomó la mano.
Y así nos quedamos...
Entre pañales, abrazos de madrugada y una taza de café frío.
Pero juntos.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
