Después de dejar a Emilia con Joel, fui al cuarto de Mateo. Lo encontré en un rincón, abrazado a Doky, su peluche inseparable. Sus ojos estaban rojos y mojados.
—Mateo... —me acerqué despacio—. ¿Por qué lloras?
—Estoy molesto —respondió bajito.
—¿Molesto por qué, mi amor?
—Porque quería quedarme con mi madrina... y no me dejaste.
—Mateo, escúchame. No es que no quiera que te quedes...
—Sí lo es. Estuve todo el tiempo con ella y no contigo.
—No, no es eso, hijo...
—¡Sí lo es! Porque así me siento cuando estás con mi hermana. ¡Ya no me haces caso!
Me dejó sin palabras. Mi pecho se apretó.
—Mateo, no digas eso...
—Mamá, ¡es verdad! Hasta mi papá lo dice.
—¿Qué dice tu papá?
—Dice: "Mateo es igual de celoso que Andy."
—Ay, Dios... —suspiré—. Mateo, fuera de los celos, en la casa donde se está quedando tu madrina no hay espacio. Están tus madrinas, tus primos, mis dos amigas, y el novio de Ale.
—¡Es mucha gente!
—Por eso.
—Está bien... pero mañana no voy al colegio, ¿ok?
—¡¿Qué?! Aguanta tu coche. ¿Qué tiene que ver eso? ¡Sí vas a ir!
—¿Y quién va a cuidar a los más chiquitos?
—Chistoso eres... si ni siquiera cuidas a Emilia, que es tu hermana, ¡y ahora quieres cuidar a tus primos!
—A Emilia no la quiero. A mis primos sí.
—¿Por qué no quieres a tu hermana?
—¡Porque me quitó a mis papás!
Justo en ese momento entró Joel.
—Mateo, no digas eso. No te hemos dejado de querer porque tu hermana esté aquí.
—Pero ya no me hacen caso.
—¿Quién te ayuda con las tareas?
—Mi mamá.
—¿Y después de las tareas, qué hacen?
—Vemos películas...
—¿Entonces por qué dices que no estamos contigo?
—¡Porque ya no me dejan dormir con ustedes!
—Eso no, Mateo...
—¿Ves?
Suspiré. Mi corazón estaba dividido entre la risa y el cansancio.
—¿Quieres dormir hoy con nosotros?
—¡Sí!
—No —respondió Joel de inmediato.
—¿Por qué no?
—¡Me va a quitar mi lugar!
—Ay Dios... —me llevé la mano a la frente—. A veces creo que no tengo dos hijos... ¡sino tres!
Mateo se rió. Joel me lanzó una mirada fingidamente ofendida.
—Ok, puedes dormir con nosotros —le dije a Mateo—. Pero hay una condición...
—No va a aceptar —interrumpió Joel.
—¿Cuál es? —preguntó Mateo curioso.
—¡Te bañas!
—Está bien.
—¿¡Vas a aceptar!? —dijimos Joel y yo al mismo tiempo, sorprendidos.
—Sí —respondió Mateo con una pequeña sonrisa.
Lo llevé a bañar sin ningún problema. A Joel no le encantó la idea, pero no se quejó más. Una vez en pijama, Mateo entró al cuarto con su peluche y una gran sonrisa.
—Mami...
—¿Qué pasa, mi amor?
—Voy a dormir en el medio.
—¡No! —se quejó Joel.
—¡Ay no! —dije, agotada—. Quiero dormir, estoy cansada.
—Está bien, me voy al lado de la pared —dijo Mateo resignado.
—Ese es mi lugar —protestó Joel otra vez.
—¡Joel!
—¿Qué?
—Basta, quiero descansar. Mateo, vas al lado de la pared. Joel, tú al otro lado.
—¿Pero por qué?
—¡Porque si se da la vuelta puede caerse!
—¿Y?
—¿Qué "y"?
—¡Estoy bromeando!
—Más te vale... ahora sí: ¡por lo que más quieran, duerman!
Mateo se acostó feliz. Me abrazó con fuerza y yo le devolví el abrazo. No lo solté en toda la noche. Su cuerpo pequeño encajaba justo en mi pecho, como cuando era un bebé. Se quedó dormido en minutos.
El que no estaba tan feliz era Joel, que durmió incomodísimo toda la noche... y lo sabía.
Pero esa noche, mi lugar, no era al lado de Joel.
Era al lado de mi hijo, recordándole que aunque haya cambiado la familia...
su mamá sigue aquí.
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Una Historia de amor
RomanceNo todas las historias de amor son iguales. Algunas duelen. Otras confunden. Algunas te rompen, y otras te reconstruyen. Andy no sabía que entre un trabajo nuevo, un mensaje extraño y una noche de debilidad... su vida cambiaría para siempre. Esta es...
