Capítulo 20 - Advertencias, promesas y un amor que protege

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Narrado por Andy

Había pasado una semana desde aquel momento que casi me rompe por dentro. Desde entonces, he estado en casa, en reposo... cuidada con amor por Mateo, por Joel... y por mi hermanita Fabi, que ha sido un ángel cayendo del cielo. Se quedó con nosotros para ayudar con la casa, con Mateo, y con mi ánimo, que ha estado frágil, pero más fuerte que antes.

Hoy, el doctor finalmente me dio luz verde: puedo volver a hacer mis cosas, poco a poco. Justo a tiempo, porque tenemos una tarea importante entre manos: buscar colegio para Mateo. Ya tiene tres años, y no puede estar más emocionado.

Era domingo por la tarde. El sol entraba por la ventana de la sala, tibio y silencioso. Estábamos los tres tirados en el sofá cama, en modo película: Mateo abrazando a su Doki, Joel con su brazo sobre mis hombros, y yo sintiendo una paz que hacía días no conocía.

Hasta que sonó mi celular.

¿Alo? —contesté.

Hola, hermosa —dijo una voz que me hizo erizar la piel.

—¿Quién eres?

—¿Ya te olvidaste de mí?

—No sé quién eres. ¿Qué quieres?

A ti. Desde siempre.

Joel se incorporó de inmediato, tomó el móvil de mi mano y activó el altavoz.

—No me interesa nada de lo que digas —solté con frialdad.

Sabes que quieres estar conmigo. Deja a ese idiota.

Y entonces lo supe.

—Ya sé quién eres... Carlos.

—¿Ves? No puedes olvidarme.

—¡Ya quisieras! —le escupí—. Ni que estuviera loca.

Joel frunció el ceño, furioso:

—Ya se me hacía raro que tú y Diana estén metidos en esto. ¡Déjanos en paz de una vez!

Carlos soltó una risa desagradable.

Prepárate, Joel. Te voy a quitar a Andy.

—A ver, imbécil —le grité—. Yo no soy un objeto. Y te exijo que me dejes en paz.

Mi grito fue tan fuerte que Mateo se asustó.

—Mami... ¿qué pasó? —dijo con su vocecita temblorosa.

—Nada, amor... nada malo —le respondí, abrazándolo de inmediato.

Carlos, del otro lado del teléfono, soltó la frase que me rompió:

Así que sí tuviste a ese mocoso.

No podía permitir que mi hijo escuchara más. Me lo llevé al cuarto mientras Joel seguía hablando con Carlos.

Narrado por Joel

La rabia que sentía era inmensa, pero aún así mantuve la voz firme.

—¿Qué tramas tú con Diana?

—Te seré sincero —respondió Carlos con cinismo—. Yo solo quiero acostarme con Andy. A la idiota de Diana no le importa, ella solo quiere volver contigo.

—Ustedes dos están enfermos. Tal para cual. Pero de una cosa estoy seguro: no se van a meter en mi familia.

Y colgué.

En el cuarto de Mateo

Mateo me miraba con esos ojitos grandes, llenos de preocupación.

—Mami... yo soy chiquito, pero sé cuándo estás triste.

—Mi amor... sabes que te amo más que a nada en este mundo, ¿verdad?

—Yo también, mami. Y mucho.

—Voy a estar bien. Por ustedes.

—¿Por papá y yo?

—Sí, por papá, por ti... y por tu hermanita.

Mateo se quedó pensativo.

—¿Dónde está mi hermana?

Sonreí.

—Aquí, en mi pancita... creciendo poquito a poco.

—¿Me vas a seguir queriendo igual cuando llegue?

En ese momento, entró Joel.

Siempre vamos a quererte igual o más, mi amor. —dijo, sentándose a nuestro lado.

—Eso mismo —añadí, acariciándole el cabello—. El amor no se divide, Mateo. El amor se multiplica.

Mateo asintió con una sonrisa.

—Está bien... voy a empezar a querer a mi hermana. Porque cuando papá no esté... yo te voy a cuidar a ti, mami.

Mi corazón se derritió.

—Te amo tanto, hijo mío.

—Yo también.

Joel nos abrazó a los dos.

—Vamos a terminar de ver la película, ¿sí?

—¡Sí! —gritó Mateo feliz.

Volvimos a la sala. La película seguía, pero mis ojos estaban puestos en Joel. Él me miró, serio.

—Andy... tenemos que tener mucho cuidado con Carlos.

—Sí... lo tendré.

—No salgas sola con Mateo, por favor. Siempre ve con alguien. No sabemos hasta dónde puede llegar ese tipo.

—Te prometo que voy a estar alerta, amor.

Nos miramos... y supe que estábamos más unidos que nunca. Porque cuando el amor es verdadero, ni las amenazas más oscuras pueden romperlo.

Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora