Capítulo 18 - El pequeño guardián

37 4 9
                                        

Narrado por Andy

Me dieron el alta esta mañana. El doctor fue claro: reposo absoluto. Nada de estrés, nada de disgustos. Solo descansar, alimentarme bien y enfocarme en Emilia.

Joel vino a buscarme. Traía flores, mi jugo favorito y esa sonrisa culpable que no le disimula nada. Lo acepté todo... menos la sonrisa. Todavía no puedo perdonarlo, no del todo.

Al llegar a casa, Mateo salió corriendo desde la sala.

¡Mamáaaa!

Me abrazó como si hubiera vuelto de una guerra.

—¿Estás bien? ¿Y mi hermanita?

—Estamos bien, mi amor. Solo tenemos que cuidarnos mucho, ¿sí?

Mateo asintió, muy serio. Se abrazó a mí como si tuviera miedo de soltarme.

—Te extrañé, mamá.

—Yo también, mi vida.

Joel lo miraba desde el pasillo. Quería acercarse, pero esperó. Sabe que necesito mi espacio.

Fabi me ayudó a acostarme en el sillón, preparó té y dejó todo listo para el almuerzo. Me guiñó el ojo y se fue con una sonrisa protectora.

Cualquier cosa, me llamas. Y tú, Mateo, eres mi soldado, ¿entendido?

Mateo hizo un gesto militar, serio, como si entendiera perfectamente la misión.

Joel entró en silencio.

—¿Necesitas algo?

—No, gracias.

—Estaré en la cocina. Cualquier cosa, me avisas.

Asentí.

Después de un rato, sentí que Mateo me observaba desde el otro sillón. Su carita mostraba una mezcla de confusión y preocupación.

Mami... ¿estás enojada con papá?

Lo miré, sorprendida.

—¿Por qué preguntas eso?

—Porque no se dan besos... y tú siempre te ríes cuando él está contigo. Hoy no.

Tragué saliva. ¿Cómo explicarle a un niño de cinco años que a veces los adultos también se rompen por dentro?

—A veces, mamá y papá tienen que resolver cosas. Pero eso no significa que no te amemos.

—¿Papá hizo algo malo?

—No lo sé aún, corazón. Pero vamos a estar bien.

Mateo bajó la mirada. Luego se acercó y me cubrió con una mantita. Su voz fue apenas un susurro.

—Yo voy a cuidarte, mami. A ti y a Emilia. Como un caballero.

Me quebré por dentro. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no dejé que las viera.

—Gracias, mi vida. Tú eres mi superhéroe.

Se quedó a mi lado, viéndome como si fuera su mundo entero. Y lo era.

Narrado por Mateo

Mi mamá está triste. Lo noto. Aunque diga que no.

Papá también está raro. No juega conmigo, no le hace cosquillas a mamá como antes.

Anoche escuché que hablaban bajito. Mamá lloraba.

No me gusta.

Si algo está mal, yo voy a arreglarlo. Porque yo soy su caballero.

Hoy me voy a quedar cerca. Si papá hace llorar otra vez a mamá, voy a decirle que ya no puede vivir con nosotros.

No me importa si soy pequeño. Yo sé lo que es amar. Y mi mamá merece estar feliz.

Narrado por Joel

Desde que Andy volvió a casa, todo cambió. Ya no me llama "amor", no me abraza al pasar, no me mira con esos ojos que solían tranquilizarme hasta en el peor día.

Me duele verla así, frágil, desconfiada... le fallé sin fallarle. Pero esa llamada rompió algo. Y tengo que volver a ganármela, paso a paso.

Mateo me observa todo el tiempo. Me sigue. Está desconfiando de mí. Y eso me rompe más todavía.

Esta noche, me acerqué al sillón para cubrir a Andy. Dormía con la mano en el vientre, protegiendo a nuestra bebé.

Cuando me agaché para taparla, escuché una voz chiquita pero firme:

No la despiertes. Está descansando.

Era Mateo.

—Lo sé, campeón.

—¿Le vas a pedir perdón?

—Ya lo hice. Pero a veces... se necesita tiempo.

—Papá... si haces llorar a mamá otra vez, te vas a tener que ir.

Me dejó helado. Me quedé en silencio, sin saber qué decir.

—Yo voy a cuidar de ellas.

Y se fue a su cuarto, con los puñitos cerrados y la espalda recta.

Mi hijo... se volvió el guardián de las mujeres de mi vida.



Una Historia de amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora